Meade, ¿el Josefino del 2018?


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Mi amigo Andrés me llamó el martes, después de leer mi columna de ese día, según él no debería yo de escribir que José Antonio Meade no tiene imagen de corrupto porque existe un amplio sector de la sociedad que no lo percibe así, puesto que ha sido secretario de Hacienda, cargo en el que debió de percatarse de los millones robados por los gobernadores durante la presente y la pasada administración. En el supuesto que no sea corrupto por comisión, lo es por omisión —sentenció.


Mi amigo Andrés me llamó el martes, después de leer mi columna de ese día, según él no debería yo de escribir que José Antonio Meade no tiene imagen de corrupto porque existe un amplio sector de la sociedad que no lo percibe así, puesto que ha sido secretario de Hacienda, cargo en el que debió de percatarse de los millones robados por los gobernadores durante la presente y la pasada administración. En el supuesto que no sea corrupto por comisión, lo es por omisión —sentenció.

Le manifesté que no tengo pruebas de la supuesta corrupción de Meade al que supongo gente decente sin desconocer que el principal partido que lo postula es una lacra y es percibido como la corrupción hecha gobierno. Por eso, subrayé, terminé mi artículo con el refrán: Dime con quién andas y te diré quién eres.

También pudiste escribir que quien con lobos anda a aullar se enseña. Quedamos de desayunar, al día siguiente. Así lo hicimos.

Tras los saludos de rigor. Andrés sacó a relucir su tesis. José Antonio Meade —me dijo— fue el elegido por Peña Nieto y Videgaray, aprendiz de canciller y eminencia gris del mexiquense del mismo color, para agradar al sector empresarial, a la derecha siniestra y a todos los favorecidos por la inicua y perversa corrupción. Calcularon que Anaya y su ánimo de hacer un frente con sus antipodistas del PRD provocaría una división en Acción Nacional que ellos, con la figura de Meade en sus filas, podrían capitalizar. También —continuó—, pensaron que con la condición de ciudadano de su precandidato harían olvidar a la sociedad los pecados del PRI. Pero han sido pocos los panistas en cambiar su predilección blanquiazul por la tricolor; los pecados del PRI son mortales e imperdonables para una ciudadanía agredida cada vez de manera más descarada; y, sobre todo, Meade es un tecnócrata al que la militancia priista siente lejano; ni su discurso ni su imagen conectan con el conglomerado tricolor: el voto duro.

Estas características dan por resultado que en la encuesta de Consulta Mitofsky realizada para El Economista, que comentaste, el precandidato de la coalición que lleva el desabrido nombre de Todos por México haya bajado 1.2 puntos en las preferencias electorales.

¿Tú crees —le pregunté— que el Partido Revolucionario Institucional, que es capaz de recurrir a toda clase de artimañas para no perder, va a quedarse con los brazos cruzados?

Por supuesto que no, el PRI-PVEM-NA, harán hasta lo imposible para que su alianza gane la elección presidencial del próximo 1º de julio. Para eso cuentan con un Plan B.

Algo he leído al respecto —repliqué—, si Meade no levanta en los próximos 11 días, la coalición que lo apoya puede cambiar a su precandidato para hacer candidato al exsecretario de Educación, Aurelio Nuño.

Te equivocas, yo también he leído lo que tú mencionas como el Plan B priista. Sin embargo, en mi opinión, Aurelio Nuño carece, como Meade, de carisma para ser candidato, con una desventaja, si se le compara con el pentaexsecretario —remoquete con el que lo bautizaste—, Nuño denota un talante petulante y aunque sea priista, lo es de última hora y está tan lejos de la base priista tanto como Meade. A estas alturas cambiar a Nuño por Meade, sería como cambiar a la Tostada por la Guayaba.

Mi amigo probó el omelette que se le enfriaba. Y me reveló su teoría: el verdadero Plan B de Peña Nieto es hacer lo que Felipe Calderón hizo hace seis años con Josefina Vázquez Mota. De su portafolios sacó un libro titulado El Amasiato, escrito por el periodista Álvaro Delgado, en cuya portada se ve la fotografía de Calderón abrazando a Peña Nieto el día que éste tomó posesión de la Presidencia de la República. Lo abrió y me enseñó unos párrafos subrayados. Transcribiré algunos de ellos: “La sonrisa de Josefina Vázquez Mota, que parecía perpetua, se desvaneció (…) —¡Todos me traicionaron! ¡Felipe Calderón me traicionó! (…) ¡El presidente no me ayudó nada! ¡El presidente me abandonó!”.

En la introducción de la mencionada publicación, el autor escribió: “Pero no fue abandono, fue el pago que Calderón hizo por los votos priistas del 2006: cuando Peña se desplomó y lo rebasaba Andrés Manuel López Obrador, según las encuestas del PAN y de la Presidencia de la República, ordenó cambiar la estrategia de campaña de Vázquez Mota, con lo que permitió la recuperación y victoria del mexiquense (…) Calderón, aún en Los Pinos —desde donde trabajó para el priista— se lo confesó: ‘Te abandoné’”.

Peña Nieto y el grupo en el poder son capaces de establecer un pacto de impunidad con Ricardo Anaya, “abandonar” a Meade para dejarle el camino libre al panista con la condición que éste no les toque un pelo ni a él ni a nadie de los favorecidos por la ignominiosa corrupción. El grupo en el poder y los verdaderos dueños del país —expresó mi amigo— son capaces de todo con tal de que no gane López Obrador.

Toca a los lectores decidir si mi amigo tiene razón o no está en su cabales.

RECUERDO LUCTUOSO

Murió Eliseo Martínez Pérez, un buen amigo. Alcalde panista de León, Guanajuato, (1991-94), honesto y trabajador. Descanse en paz.

  1. Los seis dedos de Aurelio

    Nació de parto normal. En un principio nadie lo percibió. El obstetra se ocupó de los detalles importantes como el corte del cordón umbilical y la llamada prueba de Apgar que sirve para evaluar el latido del corazón, la respiración, el tono muscular, la respuesta de reflejos, el color y el género al que pertenece el recién nacido. En este caso fue un varón y superó la prueba con solvencia.

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