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Vi la serie La Emperatriz, que cuenta la historia familiar y política de la famosa Sissi, Elizabeth de Baviera, casada con el joven y prematuro emperador del imperio austrohúngaro, Guillermo José, y novia púber, al decir de la serie, del mismísimo hermano del emperador, un tal Maximiliano de Habsburgo, fusilado luego en un nebuloso país llamado México, en un lugar llamado Cerro de las Campanas, porque las piedras que lo forman, al golpearse entre sí, tañían como campanas.

El Maximiliano fusilado en México es en la cabeza de los mexicanos algo muy parecido a un príncipe idiota, que vino a desafiar la soberanía mexicana, de la mano de unos traidores monarquistas oriundos, y terminó, por ello, justamente fusilado.

El Maximiliano de la serie es distinto: culto, listísimo, atento a la política de su tiempo, libertino, lúcido, ambicioso, capaz de conspirar contra su propio hermano, luego de haberle ganado en la mocedad el amor de los amores de ambos, la bella, indómita, inteligentísima Elizabeth de Baviera.

El Maximiliano de la serie es un miembro crítico de la familia imperial austrohúngara, un aristócrata liberal capaz de entender la agitación que había en las naciones del Imperio, sus ansias de autonomía y de identidad nacional, dada su diversidad étnica, lingüística, religiosa y de costumbres.

El imperio incluía entonces, puesto en países de hoy, Austria y Hungría, desde luego, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia , Bosnia y Herzegovina, parte de Rumanía, Serbia, Polonia, Ucrania, Italia y la costa de Montenegro.

Maximiliano de Habsurgo estaba lejos de ser el idiota intruso que recuerda la historia mexicana. Para empezar, dada su experiencia en el laberinto nacional austrohúngaro, entendía mejor que los liberales mexicanos de su época, la diversidad étnica y lingüística de México. Fue acusado en su tiempo, por quienes lo trajeron, de ser “un juarista sin Juárez”.

Vasconcelos dice en alguna parte de su historia de México que los mexicanos no harán las paces con su pasado mientras no derramen una lágrima por Max.

Yo hice algo mejor. Volví a leer, a salto de mata, Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, y encontré ahí no sólo al gran escritor de tamaños catedralicios, sino la historia alucinante de Max y de su formidable Carlota, la gran loca sobreviviente, encerrada hasta su muerte, en la galería del México de sus recuerdos, y de todo lo que había perdido ahí.