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A nadie se escapan las dificultades de resolver la candidatura del frente, si llega a haber un frente, por una sucesión de debates y encuestas que vayan perfilando un ganador, como sugerí ayer en este espacio.

La principal dificultad es que pasa por encima de la realidad concreta de los partidos, sus ambiciones, derechos adquiridos y cotos de poder internos.

La propuesta, en efecto, quiere saltar por encima de lo que es acaso inevitable: la puja intrapartidaria por la candidatura.

Hay algo artificial en ese rodeo hacia la cúpula, algo que rechazarán instintivamente los aparatos y los lideratos partidarios que no quieren ponerle la mesa a otros, sino sentarse ellos.

Hay también cierto candor en pedir a los partidos y aspirantes con más poder que abran un espacio a candidatos que por sí solos, por fuera de los partidos, no llegarían quizá ni a la boleta.

Finalmente, es difícil pensar que partidos con ideas y creencias históricamente encontradas puedan resolverlas en una agenda aséptica de gobierno común.

Las ventajas de la solución propuesta, no obstante, también son claras. Pueden establecerse respondiendo a las mismas objeciones.

En efecto, la propuesta salta sobre la puja intrapartidaria, pero eso podría ser una bendición más que una debilidad porque, en la experiencia mexicana, la puja interna por las candidaturas ha debilitado más que fortalecido a los partidos.

La propuesta también desafía los intereses creados, lo que podríamos llamar el “patriotismo de partido”, precisamente eso que los tiene en el último sitio de la confianza ciudadana: la impresión generalizada de que solo saben ver por sus intereses.

La ventaja mayor del mecanismo propuesto es que puede capturar la atención de los medios y de los ciudadanos, y volverse la novedad política de la temporada.

Sería una rampa de despegue hacia la elección de 2018 que difícilmente se encontrará por las vías tradicionales, obligadamente opacas, de la negociación entre cúpulas, organizaciones y celebridades.

La conversación del frente ha topado desde el inicio con dos piedras: cuál sería su programa y cuál su método de elegir al candidato.

Debates de los precandidatos sobre la agenda del frente y encuestas sucesivas vayan definiendo al ganador, pueden apartar las dos piedras.

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