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La brecha entre demócratas y republicanos para la aprobación de un nuevo paquete de estímulos fiscales parece estar finalmente cerrándose.

Las negociaciones llegaron a un impasse antes de las elecciones cuando los demócratas promovían un paquete de nuevos estímulos de 2.8 billones de dólares mientras que los republicanos favorecían un paquete de apoyo mucho más pequeño de 0.5 billones, focalizado a sectores específicos de la economía.

Durante el fin de semana, un grupo bipartidista de senadores presentó una iniciativa de estímulos por un monto de 0.9 billones (908,000 millones) que combina las principales prioridades de los planes originales de cada uno de los partidos.

Aunque la reacción inicial del líder republicano del senado, Mitch McConell, fue negativa, hay reportes periodísticos que indican una mayor apertura a la revisión y aprobación del paquete por parte de McConell una vez que el presidente Trump declaró que estaría a favor de este paquete.

La implementación de una nueva ronda de estímulos es esencial para darle apoyo a la actividad económica durante lo que podría ser el último tramo de la crisis sanitaria en Estados Unidos.

Aunque las primeras dosis de vacunas se empezarán a distribuir a trabajadores de la salud este mismo mes, es probable que la población en general no tendrá acceso generalizado a las vacunas hasta el segundo trimestre del 2021.

El apoyo fiscal se ha vuelto aún más necesario ante el fuerte rebrote de Covid-19 observado en las últimas semanas y que ha llevado el número de casos y hospitalizaciones a nuevos máximos históricos, cifras que podrían exacerbarse con la llegada del invierno.

El rebrote ha obligado a varias autoridades locales a reimponer restricciones a ciertas actividades consideradas de alto riesgo entre las que se encuentran el cierre de escuelas, bares y restaurantes, así como restricciones en los horarios de operación a comercios.

Esta situación coincide con la expiración de componentes importantes de los programas de apoyo fiscal aprobados en marzo, incluyendo la extensión del seguro de desempleo, a finales de diciembre.

De finales de marzo a la fecha, el gobierno ha implementado un paquete de estímulos fiscales por un monto de 2.6 billones de dólares (equivalente a aproximadamente 13% del PIB) implementados en tres fases.

A diferencia del programa anterior de estímulos, el nuevo paquete no incluye la emisión directa de cheques mensuales de 1,200 a la población, uno de los puntos impulsados por los demócratas y rechazado por los republicanos. Sin embargo, los demócratas parecen estar dispuestos a ceder en este punto con tal de conseguir el voto favorable de los republicanos. La memoria de la ausencia de una ronda adicional de estímulos en el 2011-12 –que contribuyó a una recuperación económica lenta e intermitente– sigue fresca.

Aunque en política no siempre prevalece la lógica, los incentivos parecen estar alineados para que se apruebe un nuevo paquete de apoyo. Si esta propuesta bipartidista de 0.9 billones de dólares fracasa, aún es posible que se apruebe la opción de 0.5 billones de los republicanos.

Aunque esta opción sería insuficiente y mal recibida por los mercados, es mejor que nada y podría ser vista como un puente a una propuesta más ambiciosa de los demócratas una vez que Biden tome posesión.