Minuto a Minuto

Nacional Suman ocho muertos por “sueros vitaminados” en Sonora
Los pacientes presentaron síntomas similares tras recibir soluciones intravenosas
Ciencia y Tecnología La NASA comparte imágenes capturadas por Artemis II en la cara oculta de la Luna
El trabajo gráfico fue documentado mientras los tripulantes de la misión se encontraron incomunicados durante 40 minutos
Internacional Pese a tregua, Irán lanza misiles contra Israel
Israel denuncia tres ataques sobre su territorio, coincidiendo con el anuncio de un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán
Economía y Finanzas El costo de la gasolina, la verdadera preocupación en Estados Unidos
Siete de cada diez estadounidenses están preocupados por el encarecimiento del precio de la gasolina, revela encuesta
Economía y Finanzas Ebrard convoca a empresarios a participar en ‘misión comercial’ con Canadá
El objetivo, explicó Ebrard, es que las compañías mexicanas puedan darse a conocer, vender bienes o servicios e incluso invitar a invertir en el país

También en el crimen hay diferencias. En cantidad y en calidad. En ambas dimensiones, la sociedad mexicana produce un tipo de criminal particularmente repugnante: brutal, inhumano e impune.

El extremo son los bien llamados “campos de exterminio”, de los que hemos tenido ejemplos espeluznantes estos días a partir de los macabros hallazgos en Teuchitlán, Jalisco, probablemente el punto más alto del horror que haya alcanzado la inhumanidad criminal de México.

Es un extremo, pero está lejos de ser una excepción. Abundan en nuestra historia reciente los campos de entierros clandestinos, hechos por criminales para desaparecer a sus víctimas.

Sólo entre el 1 de diciembre de 2018 y el 3 de abril de 2023 se encontraron 2 mil 863 fosas clandestinas en el país, el doble que en los 12 años anteriores.

Las fosas clandestinas son el lugar donde aparecen y hablan los desaparecidos, 60 mil en los últimos seis años, a los que las autoridades insisten en mantener en una cuenta aparte de los homicidios.

Quizá la cohorte humana de mayor dolor y dignidad que hay en el país es la de los familiares de personas desaparecidas que crean colectivos de búsqueda para encontrar a sus desaparecidos.

Los buscan donde surgen fosas clandestinas, porque presumen que están muertos, pero no pueden resignarse a ello si no encuentran el cuerpo que lo prueba.

México es un gran cementerio de fosas clandestinas, además de ser el territorio que produce más muertes violentas que cualquiera de las guerras actuales del mundo.

Lo de Teuchitlán es un horror aparte, pertenece al horror de los campos de entrenamiento, tortura, exterminio, cremación y desaparición de las víctimas del cártel criminal.

En particular, de sus reclutas jóvenes atraídos con oferta de falsos trabajos o levantados contra su voluntad en pueblos y ciudades, para enseñarlos a matar y volverlos sus sicarios, si sobreviven a las enseñanzas de ese espacio que los dueños llamaban “kínder”.

Son escuelas de sicariato, regidas por la lógica de la sobrevivencia del más asesino, del que sobrevive matando a quienes fueron capturados con él, compitiendo por su vida.

Son lugares que están más allá del crimen, lugares del horror y del mal.