Minuto a Minuto

Nacional Volumen de lluvias registrado en Ciudad de México supera 11.4 millones de metros cúbicos
Dependencias capitalinas mantienen acciones coordinadas ante las afectaciones por las fuertes lluvias en la Ciudad de México
Internacional Rubio dice que el trato con Irán sigue negociándose pero “tomará días” tras nuevos ataques
Marco Rubio afirmó que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto "de una forma u otra" y que las negociaciones con Irán continúan
Nacional Ciudad de México prepara protocolo durante el Mundial 2026 por brote de sarampión y ébola
La Secretaría de Salud aseguró que el riesgo de contagio de ébola en México es bajo, aunque mantiene vigilancia en aeropuertos
Economía y Finanzas El sector agroalimentario mexicano ve la estacionalidad como el mayor riesgo del T-MEC
El presidente del CNA advirtió que la revisión del T-MEC afectaría a productos como el tomate, espárragos, fresas, aguacate y pepino
Internacional Trump insiste en que el uranio enriquecido de Irán debe ser entregado a EE.UU.
Estados Unidos e Irán han intensificado en los últimos días sus contactos y ultiman los detalles de un acuerdo que permitiría poner fin a la guerra

onfieso que la movilización de Estado cumplida ayer en la Ciudad de México, en servicio y adulación del Presidente, quedó por debajo de lo que yo esperaba.

Creí que podrían convocar más, acarrear más y ofrecer un espectáculo de masas administradas como no habíamos visto en el país. No fue el caso. Si la memoria no me engaña, en sus buenos tiempos, fuera del gobierno, López Obrador pudo convocar marchas parecidas en tamaño pero más potentes y genuinas en espontaneidad y en entusiasmo.

En la multitud de ayer había algo de la molestia sorda que queda de la manipulación del acarreo, las consignas de asistencia obligatoria, la amenaza de sanciones salariales o clientelares, y la obscena cortesanía de los supuestos más altos servidores de la nación: miembros del gabinete, legisladores, gobernadores, precandidatos.

El gobierno está en su fase final y no hay cómo disfrazar que lo está. No es posible contar la historia, como quiso hacer el Presidente, de logros que no se obtuvieron, de compromisos que no se cumplieron, de transformaciones que se quedaron en desmantelamientos y destrucciones.

Las promesas del sexenio fueron claras y grandes: terminar con la corrupción, terminar con la violencia, reducir la desigualdad y la pobreza, crecer al 4 y al 6 por ciento, regresar al Ejército a los cuarteles, tener un sistema de salud como el de Noruega o Finlandia, o por allá.

Nada de eso existe hoy. Más bien lo contrario: La corrupción manchó a mucha gente, incluyendo a familiares y colaboradores del Presidente, y a él mismo, como Rey del Cash.

La pobreza y la desigualdad aumentaron. La violencia es mayor y más impune que nunca. El gobierno civil militarizó espacios fundamentales. Los muertos mexicanos de la pandemia se cuentan entre los más altos del mundo, al tiempo que cincuenta millones de mexicanos perdieron la protección del Seguro Popular.

Las cosas por servir se acaban, los gobiernos tienen plazos, cosechan lo que siembran. Los logros son imposibles de inventar, y no hay nómina que pague la espontaneidad ni el entusiasmo por lo no realizado. Este va siendo el saldo de la llamada Cuarta Transformación: nada marchó de acuerdo a lo prometido.

Tampoco, creo, la marcha de ayer.