El 12 de enero del año que se enfila rumbo a sus postrimerías, Facebook censuró un video en el que monseñor Juan Sandoval Íñiguez difundió información científicamente falsa. En una pieza audiovisual de casi 10 minutos, el cardenal, Arzobispo emérito de Guadalajara, denunció que la pandemia del Covid-19 fue creada con la intención de favorecer un nuevo orden mundial con un solo gobierno, con un solo ejército, con una sola moneda, con una sola economía y, también, con una sola religión, que no será la cristiana —dijo—. Según la querella de monseñor, entre los principales impulsores de la pandemia se encuentra Bill Gates. (Más que censurarlo en Facebook merecía que se le pusiera una sotana de fuerza).

Días después, el 3 de febrero, don Juan, entró en terapia intensiva, fue operado del corazón, se le instaló un marcapasos. Desgraciadamente su cerebro quedó intacto. El 31 de mayo, a menos de una semana de las elecciones del 6 junio del 2021, envió un mensaje para que su grey reflexionara y procediera debidamente en los comicios porque “en estas elecciones se juegan muchas cosas, si ganan los que están en el poder, se viene la dictadura, o sea se pierde la libertad, porque se trata de un sistema comunista, socialista que esclaviza”.

Como nunca falta un roto para un descocido, las sabias palabras del cardenal hicieron efecto cuando menos en Tlaquepaque, municipio donde don Juan vive con humildad, como proclaman las enseñanzas de Jesucristo, en un pesebre con alberca. Residencia que, digresión aparte, pertenece al arzobispado de Guadalajara y que Sandoval Íñiguez, tramposamente, sigue usufructuando. Por otro lado, el candidato morenista Alberto Maldonado, el único aspirante masculino de la contienda por la alcaldía de San Pedro Tlaquepaque, no era (es) propiamente un dechado de carisma. Total que cuando menos en el municipio de “la birria junto al mariachi”, el monstruo come niños, el comunismo representado por Morena fue derrotado por Citlalli Amaya del Movimiento Ciudadano.

Pero como don Juan Sandoval Íñiguez, en plena veda electoral, a través de las redes sociales recomendó no votar por el partido en el poder, ignorando, no sólo la veda, si no —iba yo a escribir fingiendo demencia— pero don Juan no finge, él es así; por eso se pasó por uno de los arcos —elija usted cual— de la avenida Vallarta en la Perla de Occidente, el mandato constitucional que rige la separación de la Iglesia y el Estado. El resultado fue que en vista de la flagrante violación a la legislación el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco, declaró nula la elección y conminó al Congreso jalisciense a convocar a nuevos comicios los cuales se celebraron antier domingo. Al parecer con un resultado parecido al anterior. Es decir, la población conurbada a Guadalajara de “olorosos jarritos” tendrá una alcaldesa.

Pero la anulación y postergación electoral no eximió de culpa al arzobispo emérito. El pasado jueves, la sala especializada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, dio vista a la Secretaría de Gobernación para que imponga la sanción correspondiente a Sandoval Íñiguez por violar el artículo 130 constitucional.

Tal parece que estar al filo de la navaja de las leyes humanas y de la de Dios es excitante para don Juan Sandoval. Me remontaré a la vez que públicamente reconoció haber sabido de, cuando menos, una docena de clérigos Legionarios de Cristo que cometieron delitos de pederastia a los que omitió entregar a la justicia y “sólo haberles otorgado un castigo eclesiástico”.

Fue memorable y síntoma de que no le funciona bien el caletre al prelado, la vez que culpabilizó a las mujeres de ser violadas y de los feminicidios por salir a la calle con ropa provocadora y movimientos sensuales. Palabras que hicieron escribir a Carlos Monsiváis (1938-2010) “Sólo le faltó decir: ‘Si no quieren que les pase nada, salgan sin su cuerpo’”.