Primera de dos partes

Sin ninguna pregunta de por medio, en su conferencia matutina del pasado viernes, el presidente López Obrador arremetió, otra vez, contra la clase media. Expresó que para transformar al país se necesita del impulso de millones de mexicanos y que por eso hay que: “atender a todos, escuchar a todos, respetar a todos, pero darle preferencia a la gente humilde (…) la gente humilde es muy agradecida, es muy buena, no se siente sabionda, actúa con humildad. El otro día decía yo que se vacuna a una gente de clase media, no generalizo, pero llega al centro de vacunación molesta. Ya la atienden. —¿Cuánto tiempo va a durar? —No señora, no señor, en poco tiempo. —Ah. ¿Qué vacuna es? No quiero la… donde me vayan a meter el chip comunista. —No señora es Pfizer. —Ah. Pues apúrese ¿no? ¿Por qué se tardaron tanto?, porque tienen la obligación de vacunarnos, es nuestro dinero, son nuestros impuestos. —Y ahí van y ya la vacunan. Ni siquiera da las gracias”. Hasta aquí lo dicho, por el Mandatario..

Lo primero que se me ocurre decirle al presidente es que un mamón no hace clase media. Si su narración se trata de una sola persona es darle demasiada importancia a alguien tan ignorante que cree que a través de una vacuna se le puede poner “el chip comunista”. Pero, si bien él advirtió que no generalizaba, por la manera en que está formulado el comentario, no se trata de una sola persona. Nótese que usa el “no señora, no señor” y en el contexto de su argumentación se infiere la referencia que, con algunas excepciones, la clase media es un segmento social desagradecido.

Lo que me intriga es de dónde sacó AMLO la anécdota relatada. ¿Se la contaron? ¿La inventó? Imposible que la haya inventado porque el presidente no miente. Él siempre tiene otros datos que es distinto. Lo más que llega es a contradecirse.

No le encuentro explicación a la animadversión que en los últimos meses Andrés Manuel ha mostrado hacía un sector de la clase media, segmento de la población que según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) lo formamos 44 millones de personas, 39.2% de la población. ¿Tendrá una idea el licenciado López Obrador de cuántos de esos 44 millones de individuos votamos por él?

Les voy a recomendar un libro a los consejeros presidenciales —sí es que los tiene y si los tiene los escucha y si los escucha les hace caso—. El libro se llama “Mitos y fantasías de la clase media en México” de Gabriel Careaga (1941-2004). Al leerlo uno se entera del devenir de la clase media desde su configuración en el siglo XVI en la Nueva España, compuesta, mayoritariamente, por criollos liberales y conservadores, hasta finales del siglo XX, cuando a las familias clasemedieras les hicieron creer que la vida era un comercial de televisión.

Según la obra de Careaga, los principales insurgentes, Hidalgo, Morelos y Allende, eran de clase media. En otro capítulo, el autor reseña como en 1855, luego de la defenestración de Santana, bajo la conducción de Ignacio Comonfort, “la clase media intentó organizar el país en la teoría y práctica del liberalismo”, lo que fue determinante en el triunfo de la República en 1857.

Durante el porfiriato la clase media creció de tal forma que don Porfirio llegó a manifestar que era el sostén de la república. También criticó acremente sus defectos como: “Levantarse tarde, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencia con goce de sueldo, no faltar a las corridas de toros, divertirse sin cesar, casarse muy jóvenes y tener hijos a pasto, gastar más de lo que ganan y endrogarse con los usureros para hacer ‘posadas’ y fiestas onomásticas”. (Continuará)

Meme

Me compré un GPS para gente mayor. No sólo te dice cómo llegar, sino para qué querías ir.