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Aunque Andrés Manuel López Obrador exalte que “los mexicanos somos amigos del pueblo estadunidense” y crea que “el gobierno de México es amigo del gobierno de Estados Unidos”, no tiene caso que insista en que “el presidente de México quiere seguir siendo amigo del presidente Donald Trump…”.

Por lo menos a la mitad de la gente que puso al pedestre, majadero y pobre millonario en la Casa Blanca no le interesa como “amiga” la que vive en su traspatio, y el bravucón del peluquín anaranjado es de México, los mexicanos y AMLO un enemigo temible y declarado.

Innecesario, por lo mismo, el alarde (alabanza en boca propia es vituperio) que López Obrador debió reservarse para sí en su carta con aquello de “que recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios”, ya que si aquel es más astuto de lo que parece, por despreciables que sean sus principios, bien puede darse por agraviado.

Las cosas entre México-EU pintan para peor y, pese a que nuestro Presidente no quiere una confrontación y a que, efectivamente, “los pueblos y las naciones que representamos merecen que, ante cualquier conflicto en nuestras relaciones, por graves que sean, se recurra al diálogo” y actuar “con prudencia y responsabilidad”, a su gobierno parece no quedarle más que responder con medidas indeseables pero necesarias. La extrema: poner en la mesa todas las fichas de la relación bilateral y muy en especial la que más acalambra a los estadunidenses: la cooperación en materia de seguridad nacional, dejando claro que, de cumplirse las amenazas trumpianas, México alzará las manos ante lo que pueda suceder en Estados Unidos.

En el insensato banderazo a las obras de la refinería en Dos Bocas, López Obrador verbalizó lo que llamó “memorandum” al pueblo estadunidense, exhortándolo a “que nada ni nadie separe nuestra bonita y sagrada amistad”. Casi al mismo tiempo, su desproporcionado “homólogo” desairó el propósito conciliatorio de AMLO y a la delegación que encabeza el canciller Marcelo Ebrard.

Tuiteó: México está enviando una gran delegación para hablar de la frontera. El problema es que han estado ‘hablando’ durante 25 años. Queremos acción, no hablar.

Como es obvio, a nada de bonito ni sagrado pero sí a mucho de feo y profano se ha despeñado la relación entre las dos naciones.

Extrema, la decisión de congelar con EU lo relacionado con la seguridad, bien puede ser precedida por otra que al menos demuestre carácter. La sugerida por los analistas de Banorte, de aplicar “inteligentes” represalias gravando hasta con 10 por ciento las importaciones de tabaco, trigo y bourbon que se producen en la región del Medio Oeste de ese país, donde habita el grueso de ignorantes que apoya a Trump en su pretensión de repetir (nos) la dosis de su corrosiva presidencia.