Canutillo mejoró bajo la mano militar de Villa.

Les decía a sus avecindados: “Después de andar de revolucionarios y haberles dado manos libres, es tiempo de enseñarles a ser gente honrada”.

Advirtió desde el principio que “quien cometiera el más insignificante delito contra la propiedad, sentiría el peso del castigo” (O de la Holguín: Villa en Canutillo).

Se levantaban al alba y se dormían al anochecer. El alcohol estaba prohibido. Por tomarlo, fueron ejecutados seis peones. El hecho provocó una rebelión de los antiguos soldados.

Villa huyó de Canutillo el 23 de agosto de 1921 y se refugió en Parral, donde pidió auxilio al gobierno para someter a su propia gente.

Los hechos fueron reportados en La Patria de El Paso: “Seis trabajadores fueron ejecutados en Canutillo” (26/7/1921) y en El Heraldo de Durango: “En Canutillo, ex villistas se rebelan contra su jefe” (26/11/1921).

Canutillo mejoró.

Al empezar 1921, todo estaba caído, los techos rotos, pero el periodista Frazier Hunt vio a Villa entusiasmado ante los planos de reconstrucción del casco de la hacienda. Le mostró el lugar donde estaría la escuela, la mayor ilusión del general: un gran patio cercado por cuartos de adobe.

En 1923, otro visitante, Fred Dakin, describió una hacienda que bullía de actividad, con nuevos establos y bodegas, 25 millas de líneas telefónicas, una oficina de correo, un telégrafo, y la escuela terminada, para más de 200 alumnos (Katz, Villa, II pp. 330-332).

Canutillo mejoró, pero Villa no cambió.

El 16 de septiembre de 1922, el administrador del rancho Ojo Blanco, un compadre de Villa, Sabino Villalba, fue muerto junto con su yerno, frente al hijo menor de Sabino, acusados del robo de seis vacas de la hacienda de Torreón de Cañas (Reidezel Mendoza, Crímenes de Villa, p. 474).

Había agravios en Canutillo. También había espías pagados por Jesús Herrera Cano, hermano mayor de los generales Luis y Maclovio, el último de los Herrera de Parral, a quienes Villa juró borrar de la  tierra cuando se pasaron al carrancismo en 1915.

Se cocinaba ya en Canutillo la emboscada que acabaría con Villa, precisamente en Parral, el 23 de julio de 1923.