En la monarquía inglesa se conoce quienes son estas personas que ayudan a las princesas, a las reinas, y también sus sueldos
Gracias al reportaje del diario The Guardian nos enteramos de que hay una costurera, llamada Olivia Trujillo, que vive en Tlalpan y diseña, cose la ropa de la Presidenta Sheinbaum. Vestidos, sacos, trajes que ella no se prueba y que son recogidos por un asistente que viaja en motocicleta. Lo que no tendría nada de particular si los mexicanos supiésemos cuánto cuesta este vestuario y si es pagado con dinero de alguna partida oficial, en caso de que exista.
No es la única forma en que se nutren los cambios de ropa presidenciales, siempre enfocados a materiales tejidos por artesanos, lo que, contra cualquier idea preconcebida, no son baratos, y no deben serlo por el trabajo manual que conllevan.
El tema es la muy manoseada austeridad que MORENA, partido político en el poder, ha repetido. En sexenios anteriores, neoliberales según fueron etiquetados, las críticas se hicieron por la forma de vestirse, el dinero que costaban los vestidos, las alhajas, los accesorios utilizados por las primeras damas.
Es obvio, que la primera mandataria tiene derecho a que le sea pagado su vestuario, que, además, cambia diario, lo que se cuestiona es cuánto cuesta, qué partida existe para cubrir estos gastos, quiénes la supervisan, o si simplemente estamos ante el libre albedrio del poder presidencial tan cuestionado en el discurso oficial.
A esto habría que sumar el sueldo de la peinadora, porque de igual forma resulta obvio que la Presidenta no dedica horas de su tiempo a peinarse, y cada día aparece impecablemente peinada. Un reportaje nos permitió conocer que la líder de los senadores, mujer de ultraizquierda, hija de un luchador de la Izquierda mexicana, Laura Itzel Castillo tiene en nómina del Senado a una asistente para que la ayude en su arreglo, incluyendo obviamente peinarla.
En la monarquía inglesa se conoce quienes son estas personas que ayudan a las princesas, a las reinas, y también sus sueldos.
Simple transparencia.
Es de resaltar que, en un reportaje tan extenso, positivo en gran parte, como el publicado por el diario The Guardian se le conceda tanta importancia a la costurera de la Presidenta Sheinbaum. Gracias a esta publicación conocemos detalles como que se hicieron dos vestidos idénticos para la toma de posesión por temor de que uno fuese ensuciado porque se le lanzaran jitomates a la primera mandataria, o que ante la negativa presidencial de probarse su ropa es una niña de once años, nieta de la costurera, quien sirve de modelo…
Nos falta conocer quien paga por la ropa, y si la costurera recibe un precio justo por sus diseños.
