Los presagios de la caída de Tenochtitlán

EnriqueOrtiz

Enrique Ortiz GarcíaTlahtoani Cuauhtemoc

Estos sucesos serían conocidos como los presagios de la destrucción del quinto sol y del pueblo mexica

De acuerdo con las fuentes históricas, diez años antes de la llegada de los castellanos dirigidos por Cortés en el año de 1519, sucedieron una serie de acontecimientos extraños que atemorizaron a la población de la cuenca de México.

Estos sucesos serían conocidos como los presagios de la destrucción del quinto sol y del pueblo mexica.

El principal testigo de estos eventos fue el Huey Tlahtoani Motecuhzoma Xocoyotl quien gobernaba sobre la Excan Tlatolloyan o Triple Alianza, estructura política, económica y militar que gobernaba grandes extensiones de territorio del país que actualmente conocemos como México.

La mujer que lloraba por las noches en la antigua Tenochtitlán. Códice Florentino. Siglo XVI.

 

La mujer que lloraba por las noches en la antigua Tenochtitlán. Códice Florentino. Siglo XVI.

De acuerdo a Fray Bernardino de Sahagún, se tiene registro de ocho presagios funestos. El primero nos dice que una gigantesca columna de fuego apareció sobre las aguas del lago de Tezcuco.

Durante la noche las llamaradas se podían ver desde diferentes poblaciones de la Cuenca de México, entre ellas Tezcuco, Ixtapallapan y Chalco. La descripción que escribió Sahagún nos dice “apareció una llamarada de fuego muy grande y muy resplandeciente: parecía que estaba tendida en el mismo cielo, era ancha de la parte de abajo y de la parte de arriba aguda, como cuando el fuego arde”. Dicha llamarada se levantaba de lado oriente del lago a partir de la medianoche y duraba hasta la mañana.

De acuerdo a los colaboradores indígenas de Sahagún, este fenómeno apareció por todas las noches de un año completo, siendo interpretado como  una señal que guardaba un gran mal.

El segundo presagio fue cuando milagrosamente se incendió el adoratio que coronaba el teocalli de la deidad solar patronal de los mexicas asociada con la guerra y con los sacrificios: Huitzilopochtli.

De acuerdo a la descripción “ las llamas parecían que salían de dentro de los maderos”. Las personas que se dieron cuenta de semejante desgracia empezaron a pedir ayuda a gritos ¡Oh mexicanos, venid presto a apagar el fuego!

Sin embargo, mientras más agua arrojaban sobre las llamas, más intensas se volvían. El terrible incendio no terminó hasta que todo el adoratorio quedó hecho brasas y carbón. De acuerdo a Sahagún, este fenómeno sucedió en un lugar llamado Totleco, dentro de la propia capital mexica, y no en el adoratorio más importante del colibrí zurdo: el Templo Mayor.

El tercer presagio es similar al segundo, pero en esta ocasión un rayo cayó sobre el adoratorio de la deidad asociada al fuego y turquesas, al axis mundi, y también al calendario solar nahua: Xiuhtechutli. Su templo, el cual estaba techado con paja de inmediato se prendió con la fuerte descarga de electricidad. Llamó la atención de los testigos la ausencia de lluvia mientras los rayos seguían iluminando el cielo nocturno de la Cuenca de México. Tampoco hubo un “trueno” por lo que fue un misterio para los tenochcas como pudo darse semejante acontecimiento.

La cuarta señal o pronóstico también se manifestó en los azules cielos del Anáhuac. Se trató de un cometa que surcó el firmamento cuando el sol acababa de ocultarse.  Las fuentes afirman que parecían tres estrellas con tres colas que iban centellando  mientras se dirigían hacia el oriente.

La poblaciones de la cuenca se espantaron ante semejante situación, “comenzaron a dar grita, y sonó grandísimo ruido en toda la comarca”.

Si se analiza con detenimiento este presagio resulta algo contradictorio que la población, y sobre todo la clase dirigente de Tenochtitlán, entraran en pánico por la aparición de un cometa. Recordemos que los antiguos mesoamericanos, entre ellos los nahuas, tenían amplios conocimientos sobre el movimiento de los astros, incluyendo los cometas, citlalpopoca en nahua. Tampoco sería la primera ni última vez que una de estas estrellas humeantes iluminaba los cielos.

El famoso cometa que fue visto en Tenochtitlán en 1509.

 

El quinto presagio consistió en que grandes olas se hicieron presentes en las aguas del lago de Tezcuco, al grado que algunos testigos afirmaron que parecía que el agua hervía de forma inexplicable. A pesar de la ausencia de viento, las olas empezaron a estrellarse en contra de las chinampas y poblaciones que bordeaban la inmensa ciudad isla mexica, sacudiendo los cimientos de las casas y palacios hasta hacerlas caer. También Sahagún afirma que hubo gran espanto entre la población por la bravura manifiesta de las aguas.

Las tres señales restantes se basan en apariciones paranormales, de seres míticos, extraños en las tierras del Anáhuac. La sexta es descrita como: “aparecieron muchas veces monstruos en cuerpos monstruosos”, los cuales eran llevados al palacio del Huey Tlahtoani para que los conociera. Después de que los podía ver, desaparecían frente al gobernante y su “corte”.

Se ha interpretado que estos “monstruos” citados en la fuente en realidad se trataba de personas con malformaciones que proliferaron a inicios del siglo XVI dentro de Tenochtitlán. Sin embargo, dentro de la cosmovisión mesoamericana las personas con deformidades o malformaciones no eran algo negativo sino todo lo contrario. Se pensaba que eran los especiales, los elegidos por los dioses y por esta razón las familias cuidaban de ellos e incluso podían llegar a venderlos a los nobles o al propio Huey Tlahtoani para su placer, diversión o incluso para albergarlos en el famoso zoológico del gobernante mexica.

Las familias obtenían jugosas recompensas y pagos por enanos, albinos y personas con otros problemas corporales. El séptimo presagio consistió en que algunos cazadores lograron atrapar en el lago de Tezcuco una ave parda del tamaño de una grulla con un gran espejo de obsidiana por cabeza.

De inmediato la llevaron al palacio de Motecuhzoma, quien en ese momento, después de medio día, se encontraba en el salón denominado Tlitlancalmecatl meditando o realizando autosacrificio. Después de suprimir su enojo, Motecuhzoma se maravilló al ver la extraña ave. Al acercarse para admirarla, el gobernante pudo ver a través de la obscuridad del espejo de obsidiana unas personas barbadas que montaban venados y que descendían de “fortalezas flotantes”.

Algunos eran blancos con ojos de color verde o azul. Lo que más le preocupó fue que se dirigían hacia el oeste, donde se ubicaba Tenochtitlán. Las crónicas comentan que Motecuhzoma entró en pánico y decidió consultar con sus agoreros y adivinos esta visión.

Cuando llegaron al palacio  y el Tlahtoani les compartió lo que había visto les preguntó: ¿No sabéis qué es esto que he visto? Sin embargo los hechiceros no respondieron nada, temerosos de la furia de su gobernante o simplemente no pudieron interpretar el designio. Maravillosamente el ave desapareció enfrente del gobernante y de sus adivinos. Algunos autores aseveran que mandó ejecutar a estos agogeros como consecuencia de su silencio.

Ilustración del Códice Florentino donde aparece la extraña ave con un espejo por cabeza.

 

Finalmente, narremos el octavo y último presagio. Muchas de las famosas leyendas que tenemos en la actualidad provienen de la época prehispánica. Una de ellas es la famosa “Llorona”, espectro femenino que se lamenta por las noches en poblaciones que se encuentran cerca de cuerpos de agua como lagos o ríos. La primera manifestación de dicho fenómeno se narra en el códice Florentino y en la Historia general de las cosas de la Nueva España, recopilación realizada en el siglo XVI por Fray Bernardino de Sahagún en colaboración con informantes nahuas que vivieron la caída de la Triple Alianza. Los antiguos nahuas identificaban a esta mujer con la deidad llamada Cihuacoatl o mujer serpiente, la cual en las noches lloraba: “ Oh hijos míos, ya nos perdimos!, ¡Oh hijos míos, a dónde os llevaré!

Diez años después, el 13 de agosto de 1521 era capturado Cuauhtémoc, el Huey Tlahtoani mexica  y con él finalizaba la hegemonía mexica sobre Mesoamérica dando espacio a una nueva historia, la del Virreinato.

Fray Bernardino de Sahagún, el fraile que recopiló y escribió La Historia General de las Cosas de la Nueva España

 

Enrique Ortiz García

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