¿Los políticos sirven o se sirven?


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

En la columna del martes el tema fue la facilidad con la que los políticos cambian de partido, sin importar su ideología, sólo para seguir viviendo —a lo grande— del erario. Siempre me he preguntado, ¿si los políticos no ganaran los sueldos de lujo que nuestra sacrificada economía suele pagarles, si no tuvieran las espléndidas prestaciones que ellos mismos se otorgan, habría tantos aspirantes a ocupar cargos de elección popular o de designación como los hay? Creo que la respuesta sería un rotundo no.


En la columna del martes el tema fue la facilidad con la que los políticos cambian de partido, sin importar su ideología, sólo para seguir viviendo —a lo grande— del erario. Siempre me he preguntado, ¿si los políticos no ganaran los sueldos de lujo que nuestra sacrificada economía suele pagarles, si no tuvieran las espléndidas prestaciones que ellos mismos se otorgan, habría tantos aspirantes a ocupar cargos de elección popular o de designación como los hay? Creo que la respuesta sería un rotundo no.

El próximo 1º de julio estarán en juego 3 mil 400 cargos de elección popular, en los comicios más grandes de la historia de México. Si hacemos un cálculo que habrá un promedio mínimo de tres aspirantes a cada cargo tendremos por resultado que habrá 10 mil 200 mexicanos aspirando, unos a una vida mejor y otros a seguir mamando de la gran ubre que, con crisis o sin ella, significa el presupuesto: el dinero que aportamos los que pagamos impuestos, y la deuda externa que nosotros no adquirimos pero que, sin duda, tarde o temprano pagaremos.

“Los gobiernos van y vienen, los ciudadanos permanecemos”, expresó el señor Armando Regil, presidente del Observatorio ELEGIR, institución formada por organizaciones de la sociedad civil y expertos para observar y analizar, desde el punto de vista académico y de la sociedad civil, las acciones y decisiones del gobierno para contribuir a determinar aquellas que restringen las libertades de los mexicanos y aprobar las que promueven la libertad de los ciudadanos.

Según el precitado observatorio de libertad política y económica, durante la presente administración, la deuda pública ha crecido a una velocidad mayor que toda la economía hasta llegar al 48.5% del Producto Interno Bruto (PIB). Lo anterior significa que cada mexicano tendrá que pagar 160,000 pesos de deuda pública, mientras que cada recién nacido ya debe 70 mil pesos nada más por nacer en este hermoso país, el ombligo del mundo. El país con la mayor variedad de moles y de tipos de tamales, con tortillas de diversos colores, pluralidad de chiles y el más violento de América según un estudio de la Universidad de Uppsala, en Suecia, publicado en El Economista el 26 de julio del año pasado.

De regreso al tema electoral, ¿de los aproximadamente 10 mil 200 mexicanos —cálculo conservador— que buscarán un puesto de elección popular el próximo julio, cuántos de ellos están motivados por un afán de servicio y cuántos por servirse del puesto que disputan? Aquí dejaré que el lector saque su propia conclusión.

De los 3,400 puestos que estarán en juego, 500 de ellos serán para los políticos que formarán la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, con sede en el Palacio Legislativo de San Lázaro; la cual integran 300 diputados electos según el principio de votación mayoritaria relativa y 200 diputados electos según el principio de representación proporcional, mediante el sistema de listas regionales, son los llamados plurinominales. (Contra lo que pudiera pensarse, según la etimología, los plurinominales no son aquellos que cobran en varias nóminas. La representación proporcional permite que políticos influyentes en sus partidos, por ejemplo los líderes charros, que saben que nadie votaría por ellos en la votación por mayoría se acogen a esta fórmula para tener fuero y vivir del erario tres años).

¿Por qué son tan peleadas las candidaturas para ser diputado de una u otra forma? Tengo enfrente de mí un reportaje de Roberto Garduño, publicado en el diario La Jornada, del domingo pasado cuyo texto, tal vez, conteste la interrogante inicial de este párrafo: “Por conducto de cuantiosos contratos con empresas privadas de servicios, otorgados mediante licitaciones públicas o adjudicaciones directas, la Cámara de Diputados erogó el año pasado 520 millones 285 mil 778 pesos en el pago de seguros de vida de los legisladores, seguros de gastos médicos mayores —que vayan al ISSSTE—, vales de despensa, monitoreo —cualquier cosa que esto sea— y copias fotostáticas”.

Conforme se lee la nota le entra a uno más coraje al saber que son los propios diputados los que a través del Comité de Administración, integrado por representantes de todos los partidos —manera de que nadie proteste cuando les dan su rebanada de pastel— firmaron un contrato trianual, con vigencia inicial del primero de enero del 2016 al 31 de diciembre del 2018. “Para entonces —escribió el reportero Garduño— los diputados ya habrán dejado esa posición cuatro meses antes. Es decir, gozarán de un beneficio que no les corresponde los meses septiembre, octubre, noviembre y diciembre”.

Con la misma periodicidad recibieron cada uno de los 500 un vale de despensa que el año pasado del 1º de enero al 31 de diciembre, le costó al erario 246 millones 944 mil 250 pesos. ¿Cuántas viviendas de interés social se podrían levantar con esos recursos? ¿Cuántas calles se pavimentarían?

Sirva este botón de muestra —uno entre cientos— para demostrar que es mentira que los políticos están en sus cargos para servir al país y su gente. Están para servirse de él.

COLOFÓN

Termino con una conocida frase de George Bernard Shaw (1856-1990), escritor irlandés, ganador del Nobel de Literatura en 1925. “A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido y por las mismas razones”.

  1. AMLO, ¿home run o out?

    La adopción que el presidente electo de nuestro país ha hecho del beisbol, deporte cuyo origen moderno es estadounidense, al darle alta prioridad en los planes deportivos de su próximo gobierno, será el tema de la columna de hoy.

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