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Quizá la objeción más penetrante que puede hacerse a los candidatos independientes es que, al final, si quieren prosperar, o si prosperan, tendrán que tomar la forma de un partido, y comportarse como tal.

Nada desearía yo más que ese destino para el difuso pero potente movimiento independiente. Nada querría tanto como que, después de un éxito electoral, o camino a él, el movimiento diera lugar a un nuevo partido, el partido de los muchos mexicanos talentosos que no caben hoy o no quieren caber en los partidos existentes.

Le haría mucho bien a la democracia mexicana tener toda esa energía extra puesta al servicio de un esfuerzo común, ojalá también de una agenda común, para pelear por el gran pedazo de los votos que está en la mesa para ellos (36% según la encuesta de El Financiero).

Diría más: si el movimiento independiente no llega a convertirse en una formación política efectiva, sus posibilidades de ganar algo serio en la elección del 18 disminuirán drásticamente, lo mismo que sus posibilidades de ser un nuevo actor estable en la vida democrática de México.

Si algo echo de menos en el libro de Jorge Castañeda, Sólo así, referente obligado de esta discusión es un apunte sobre cómo podría irse vertebrando este movimiento desde ahora, creando al menos un foro, un cónclave, una instancia pública de reunión, conversación y acuerdo de los independientes.

Lo que parece irrebatible en el libro de Castañeda es su convicción de que la candidatura independiente por la Presidencia (y por todos los otros puestos en disputa, añado yo) debe ser una candidatura única que no fragmente, sino concentre los votos.

Entiendo las críticas que se hacen a los independientes como un animal difuso, de procedencias no siempre claras. Lo que no entiendo es que no haya la misma mirada intensa y exigente para el triste menú de nuestra partidocracia.

Puestos a comparar capacidades e intereses, hay en la partidocracia más franquicias comprobadamente impresentables que candidatos independientes de cuya eficacia, intenciones o patrocinios haya que dudar por principio.

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