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“Algunos no se han dado cuenta, pero ya inició la Tercera Guerra Mundial”, alertaba casi a la medianoche del pasado domingo 22, el presidente salvadoreño, Nayib Bukele. Junto con Nicaragua, esa nación centroamericana fue territorio libre del Covid-19, pero el pasado fin de semana, tras del fallecimiento de la primera víctima infectada con el coronavirus no obstante el cierre de las fronteras, entró en vigor un periodo de aislamiento.

Nada de mitigación. La supresión total del contacto entre los salvadoreños durante 30 días es un mandamiento vigente desde el pasado fin de semana. Aquellos que desobedezcan serán trasladados a “centros de contención” donde terminado el periodo de aislamiento obligado, enfrentarán denuncias penales por “desobediencia de particulares”.

Bukele —quien apenas lleva 10 meses en el cargo— ha sido implacable con los “retenidos” y también en la férrea defensa de su territorio, declarado como “zona sujeta a control sanitario”. Hace una semana, aunque apenas unas horas, ordenó el cierre del aeropuerto de la capital para evitar la llegada de una nave de Avianca, proveniente de la Ciudad de México, con 12 salvadoreños residentes en Chicago que habían decidido regresar a su país, antes del cierre de la frontera.

Las “irresponsables” autoridades mexicanas —denunció el mandatario salvadoreño en las redes sociales— dejarían que la docena sospechosa abordara el vuelo 431. El secretario Marcelo Ebrard Casaubón salió al paso de las acusaciones y sin recibir las aclaraciones que pedía, enfrentó otro reclamo, por la decisión del gobierno mexicano de conceder asilo —“por razones ideológicas”— al expresidente de la Asamblea Nacional, Sigfrido Reyes.

En la torre principal de la Plaza Juárez conocían de ese escabroso asunto, desde hace cuatro meses, por lo menos. El embajador de México en El Salvador, Ricardo Garza Cantú, trató de informar sobre el tema al subsecretario Maximiliano Reyes. Y es que Reyes —exdirigente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)— estaba entre los objetivos principales de la ofensiva que Bukele emprendía contra el expresidente Mauricio Funes y altos funcionarios de esa administración izquierdista.

Acusado de lavado de dinero, peculado y estafa agravada, el exlíder parlamentario salió de su país, justo hace cuatro meses, vía terrestre. Los servicios de inteligencia salvadoreños reportaron su internamiento a Guatemala y entonces solicitaron a la Interpol que emitiera una orden internacional para su captura. La sospecha era que buscara refugio en Rusia, donde estudió hace 30 años.

En realidad, de acuerdo con funcionarios familiarizados con el reporte entregado por el embajador Garza Cantú, el prófugo se había internado a territorio mexicano acompañado por su hermano René, el empresario Byron Larrazábal y Karla Recinos, su antigua colaboradora.

El 9 de enero, la Fiscalía salvadoreña irrumpió en los domicilios de Reyes y Larrazábal para detener a una decena de personas, entre ellas sus esposas. La dirigencia del FMLN denunció la “persecución política” que Bukele había emprendido contra sus militantes, incluido Funes, quien desde mediados del 2019 se refugió en Nicaragua.

Reyes pudo internarse en territorio mexicano, sin problemas. La representación diplomática de El Salvador en la CDMX está a cargo del exministro de Hacienda, Carlos Enrique Cáceres, desde junio del 2018, cuando lo propuso el entonces presidente Salvador Sánchez Cerén. Su contraparte mexicana, a través del entonces canciller Luis Videgaray, otorgó su beneplácito.

Un año después, Bukele ya estaba en la Presidencia de El Salvador y entonces comenzó las acciones para destituir al hijo, la nuera y un nieto de Sánchez Cerén, quienes tenían cargos públicos, y también ordenó el despido de Walter Eduardo Iglesias, sobrino de Reyes, quien estaba al frente de la Oficina de Activos Fijos del Ministerio de Turismo.

Para desmontar esas estructuras de poder, Bukele contó con la colaboración de exdirigentes del FMLN que desertaron de las filas de esa organización izquierdista para respaldar al nuevo gobierno. Entre ellos destaca Cindy Mariella Portal, quien junto con Karla Recinos trabajó en el staff del presidente de la Asamblea Nacional.

Justo un día después del operativo policiaco para detener a la esposa de Reyes, la exasesora legislativa fue designada vicecanciller, encargada de la atención de los salvadoreños en el exterior. Antes, había prestado servicios como embajadora salvadoreña en Brasil.

Cindy Mariella Portal y Karla Recinos hicieron los contactos que llevaron a Reyes a México, donde lleva asilado tres meses, según la notificación de Interpol al gobierno de Bukele. Sobre su paradero “no pueden proporcionar mayor información, en apego a los artículos 5, Fracción 10, 23 y 60 de la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político”.