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El presidente López Obrador precisó ayer que “el rescate” de que viene hablando “es al pueblo de México: se va a rescatar a los olvidados, a los marginados, a los pobres, a los que siempre se les ha hecho menos”.

¿Y los demás?

Ni siquiera un “neoliberal” (excepto si es idiota) objetaría que el gobierno apoye a ese nutrido sector social pero, si el supuesto rescate se limita a ese segmento de la población, a) no se le rescatará de nada porque seguirá siendo pobre (apenas tendrá para subsistir), y b) el dinero para financiar las dádivas lo aporta otro copioso grupo humano inexistente en el proyecto presidencial de rescate, compuesto por quienes trabajan en la industria, el comercio y los servicios.O sea:el que paga impuestos.

Es el pueblo más humilde y menesteroso al que se refiere el Presidente cada que lo describe (“sabio” que “nunca se equivoca” pero es “feliz feliz feliz”). A él dedicó 34 solidarias y cariñosas menciones en su discurso del domingo y la mañanera de ayer (casi nunca pronuncia la palabra sociedad, únicamente dos veces en el mismo lapso).

Se entiende por eso que, mientras rendía su “quinto informe”, varias decenas de meseros que se han quedado sin chamba demandaran frente a Palacio Nacional que se les respalde. Representan parte de la sociedad y su actividad es socialmente agradecida y consentida. En donde se ocupaban también hay, o había, personal de aseo, lavado de trastes, cocina, mantenimiento, hostess quizá. Asalariados casi todos que aportan su porción al Servicio de Administración Tributaria y a quienes el coronavirus ha dejado en la calle.

De la sociedad forma parte el específico pueblo a que alude López Obrador, pero también los peluqueros y estilistas; electricistas, fontaneros, podólogos, carpinteros, ebanistas, guías de turistas, mucamas, empleados departamentales, actrices, actores, cantantes, diseñadores, agricultores, jardineros, modelos, oftalmólogos, manicuristas, recepcionistas, pequeños y medianos empresarios, salvavidas, taxistas, mecánicos, dentistas, organilleros, mariachis, grupos musicales, agentes de ventas, costureras, sastres, abarroteros, tramoyistas, obreros, trabajadores de laindustria turística;chalanes de vulcanizadoras, taqueros, pescadores, avicultores, abarroteros, floristas…

Ninguno de ellos estaba entre los olvidados, marginados ni pobres “a los que siempre se les ha hecho menos” ni vivía de apoyos clientelares.

En el mejor de los casos, algunos tendrán que recurrir a un recurso de feria pueblerina: tandas para obtener préstamos que van de irrisorios 3 a pinches 25 mil pesos. ¿Qué hará López Obrador cuando ya no le alcance para su “rescate” la fortuna con que aún cuenta, gracias a que la dieron al erario millones de modestos, regulares y grandes contribuyentes (empleados y propietarios) que no son considerados “pueblo”?

Para quienes integran la planta productiva de México simplemente, y como dice el personaje que interpreta el gran Héctor Suárez, nada más nohaynohaynohay.