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Las encuestas mexicanas vuelven a darnos un espectáculo difícil de interpretar en materia de aprobación presidencial. Hace unos días una encuesta de El Universal le daba al Presidente una aprobación de 59 por ciento. Poco antes, una de Parametría le daba 75 por ciento. Una diferencia de 16 puntos.

Es imposible que las dos sean verdad, una está equivocada o están equivocadas las dos. Ayer, El Financiero publicó otra encuesta, ésta telefónica, no comparable del todo con las otras, dando al Presidente una aprobación de 68 por ciento, cifra igualmente disparada de las anteriores, muy alta respecto de El Universal y muy baja respecto de Parametría.

No hay mucho piso sólido a qué atenerse en estas cifras, pero la encuesta publicada ayer tiende a coincidir con las demás en lo único en que verdaderamente coinciden, a saber: que la aprobación del Presidente es mayor que la de las políticas de su gobierno.

He tratado de explicar esta diferencia esbozando la idea de que la gente tiene dos miradas para evaluar al gobierno: la primera se dirige al gobierno simbólico, unido al discurso del Presidente, que es visto muy bien por la ciudadanía, con altas cifras de acuerdo.

La segunda mirada valora los hechos del gobierno y arroja cifras bajas. Es como si en la mirada de la gente hubiese dos gobiernos: el del discurso y el de los hechos.

La encuesta de El Financiero publicada ayer, refrenda este patrón: el Presidente tiene 68% de aprobación. Pero solo 39% cree que la economía está bien, solo 34% piensa que avanza la lucha contra la corrupción y solo 26% piensa que está bien la seguridad.

La separación de ambas percepciones se refrenda en la aprobación de 52% que tienen las conferencias mañaneras del Presidente, mientras que la cuenta de sus mayores logros como gobierno registra solo un 17% de acuerdo en materia de corrupción, solo un 15% en materia de seguridad pública y solo un 12% en combate a la pobreza.

La distancia entre la calificación de los dos gobiernos es demasiado grande para mantenerse ahí mucho tiempo: o los hechos se acercan a la alta aprobación del Presidente o ésta desciende a la baja aprobación de los hechos.