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Leo en The Economist que la economía global se dispone a crecer justamente en los años en que triunfan políticamente los beneficiarios de la crisis de 2008, heraldos de la antiglobalización y del nacionalismo económico (“On the Rise”, http://econ.st/2mUbZBZ).

La política, dice la revista, suele marchar a contratiempo de la economía, castiga a gobiernos que arreglan grandes crisis con medidas impopulares, como a George Bush padre, en 1992, o a Gerhard Schroeder en Alemania, en 2004.

Premia, en cambio, a quienes crecen en el malestar dejado por los ajustes dolorosos que requieren las crisis, como William Clinton en Estados Unidos en 1992 y Angela Merkel en Alemania en 2004.

También, ya entre nosotros, a los ingleses partidarios del brexit en 2016 y a los votantes de Donald Trump en 2017.

La lógica perversa de esta desincronización es que, gracias al saneamiento hecho por Bush, Clinton pudo gozar de una de las eras económicas mejores de Estados Unidos. Lo mismo que Merkel después de Scroeder.

Gracias a los ajustes y los saneamientos hechos por Obama, Trump puede presumir ahora, como su logro milagroso, el buen paso de la economía de su país, con práctico pleno empleo.

Un demagogo eficiente como Trump, sacará ventaja de esta herencia. No solo porque Estados Unidos ya venía bien, dice The Economist, sino porque los astros de la economía mundial parecen estarse alineando para un crecimiento convergente en los años que vienen.

China parece haber tapado o aplazado sus huecos fiscales y tiene la tasa de producción industrial más alta en nueve años.

Las expectativas económicas de la eurozona son las más positivas desde 2011, y su desempleo es el menor desde 2009.

Las exportaciones de Corea del Sur crecen a 20 por ciento anual y la producción manufacturera de Taiwan creció por 12 meses consecutivos.

El mundo en desarrollo, en general, según el Institute of International Finance, ha alcanzado su tasa de crecimiento mensual promedio más alta desde 2011.

“La disonancia es peligrosa”, dice The Economist. “Si los políticos populistas se llevan el crédito de una economía floreciente, sus políticas ganarán también credibilidad, con efectos potencialmente devastadores… Los populistas no merecen ningún crédito por la mejoría. Pero ya pueden olerla”.

Y gritarla a su favor.

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