El destino judicial de todos demuestra un patrón: salvo Castro, llegaron al poder por elecciones democráticas, desmantelaron la democracia y, al operar sin límites legales terminaron, en prisión, bajo asedio judicial o huyendo de sus naciones
La 4T empieza a vivir la soledad de estar sola en la región. Sólo le queda un aliado en el poder democrático: Lula en Brasil, pero las encuestas muestran que perdería la segunda vuelta, el 25 de octubre.
Y hoy entrega el poder Gustavo Petro, en Colombia, donde el camino que le espera es la cárcel, porque enfrenta múltiples investigaciones legales y denuncias penales formales, por narco, corrupción y financiamiento ilegal. EU también lo busca.
Los otros aliados en el poder, se aferran sin hacer elecciones: Raúl Castro, en Cuba, bajo orden de captura de EU; y Daniel Ortega, entre el repudio mundial por cancelar la democracia, porque le dio la gana, y punto.
¿Los otros aliados? Pues están presos, o lo están buscando para encarcelarlos. El caso más reciente es la orden de captura emitida por Bolivia en contra de Evo Morales, por abuso de menores, alzamiento armado y terrorismo, aunque todavía sin Ficha Roja de la Interpol.
Esta crisis judicial y política de los maestros de la 4T (los que ganaron elecciones, lo hicieron 20 años antes que la 4T) es una gran enseñanza histórica para el “movimiento” en México, al mostrar el destino de los regímenes que eliminan los límites de la ley.
Ahí están: Maduro, preso en EU por narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína; Cristina Kirchner, presa en Argentina, por corrupción; Pedro Castillo, preso en Perú, intento de disolver el Congreso e instaurar un gobierno de excepción.
Rafael Correa huyó de Ecuador, por arrastrar una condena en firme a ocho años de prisión por cohecho agravado; y Raúl Castro, sin casi hace apariciones públicas en Cuba, porque EU lo acusa de derribar avionetas civiles y asesinar ciudadanos de EU.
Además, hay que incluir a Jorge Glas, el ex vicepresidente de Correa, preso en Ecuador por corrupción y malversación; y Betssy Chávez, ex primera ministra de Castillo, presa en Perú por el fallido autogolpe de Estado de 2022.
Los compromisos de la 4T con estos personajes son tan sólidos que llevaron al gobierno de México a romper relaciones con Ecuador y la expulsión mutua de embajadores con Perú y Bolivia, tras los casos de Glas, Evo Morales, Castillo y Betssy Chávez.
Glas, Evo Morales, Castillo y Betssy Chávez buscaron y encontraron la protección de México, tras enfrentar acusaciones de corrupción, malversación, golpismo y robo de elecciones. En el caso de Ortega y Castro, México les mantiene un irrestricto apoyo político.
El destino judicial de todos demuestra un patrón: salvo Castro, llegaron al poder por elecciones democráticas, desmantelaron la democracia y, al operar sin límites legales terminaron, en prisión, bajo asedio judicial o huyendo de sus naciones.
La historia no se repite, pero alecciona.
