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Trump escupió ayer:

“Por primera vez estamos expulsando pandilleros y traficantes de drogas. Estamos echando a esos tipos a un ritmo nunca antes visto y es una operación militar…”.

Pocas horas después, en México, su secretario de Seguridad Nacional, el general John Kelly, afirmó que “no se van a utilizar fuerzas militares en operaciones migratorias…”.

Dijo también:

“Quiero dejar muy claro que no habrá deportaciones masivas y que se actuará conforme a derecho, respetando los derechos humanos”.

Luego de que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, así lo demandara, aseguró que no habrá deportaciones masivas.

La persecución militar contra migrantes puede asumirse como una más de las chisporroteantes pendejadas de Trump, pero no en cambio la aseveración de que las expulsiones no serán masivas: parece un mero gesto de “cortesía”.

Kelly no merece confianza porque la cacería de indocumentados está ya desatada.

El reto de Enrique Peña no es, que no se haga ilusiones, negociar, sino capotear a una potencia presa de la esquizofrenia.

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