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La descripción más cercana para retratar lo que quedó del Acuerdo Transpacífico con 11 países restantes tras la salida de Estados Unidos la encuentro en aquella canción de Juan Gabriel titulada “Se me olvidó otra vez”.

Y es que sin Estados Unidos en este acuerdo que pretendía plantar cara a los chinos, lo que queda es un menor entusiasmo y la vida artificial de un Acuerdo Transpacífico (al que conocemos mejor por su sigla en inglés, TPP) cuya mayor virtud es dejar abierta la puerta para que los estadounidenses regresen una vez que puedan despertar de la pesadilla Trump en la que están.

Por eso es que ésta de Juanga le viene tan bien al acuerdo comercial: “Probablemente ya de mí te has olvidado / y sin embargo yo te seguiré esperando / no me he querido ir para ver si algún día / que tú quieras volver me encuentres todavía”.

Los 11 países restantes del TPP acordaron mantener intactos los acuerdos logrados con Estados Unidos para dar total vigencia a la siguiente parte de la canción del Divo de Juárez: “Por eso aún estoy en el lugar de siempre / en la misma ciudad y con la misma gente / para que tú al volver no encuentres nada extraño / y sea como ayer y nunca más dejarnos”.

Es evidente que por ahora se pueden olvidar de un regreso estadounidense a este bloque frente a China y más cuando el actual presidente de ese país, Donald Trump, fue a plantarse frente al poderoso presidente chino, Xi Jinping, a avalar su enorme ventaja comercial sobre la economía estadounidense.

El punto es que la economía de mercado abierto en el mundo no puede funcionar como de costumbre sin la plena participación de Estados Unidos. Porque cuando los chinos hablan de defender el libre comercio, lo hacen pensando en su forma de entender el libre comercio de manera piramidal, con ellos a la cabeza claro.

El resultante TPP11 que tanto extraña a Estados Unidos puede ser para nosotros los mexicanos un presagio de lo que puede acabar por ocurrir con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte  (TLCAN).

Quedarnos con el nombre de TLCAN para avalar un comercio anecdótico entre México y Canadá con las puertas siempre abiertas para que algún día regrese Estados Unidos.

Lo que no hay que perder de vista es que el histriónico y egocéntrico presidente Trump es un reflejo de esa sociedad que lo avaló para llegar al poder. No hay que dejar de ver que hay muchos ciudadanos estadounidenses que sí compran la idea que el origen de todos sus males es el libre comercio y la migración.

Y que esto que hoy parece absurdo e irracional en boca de Trump puede convertirse en un mantra que se perpetúe en esa sociedad y quien llegue tenga que respetar ese nuevo normal de cerrazón y proteccionismo.

Por eso vale atender las últimas estrofas de la gran canción de Juan Gabriel: “Probablemente estoy pidiendo demasiado / se me olvidaba que ya habíamos terminado / que nunca volverás, que nunca me quisiste / se me olvidó otra vez que sólo yo te quise”.

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