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El tiempo de López Obrador llegó a su fin. A las 11:59:59 de este lunes dejó de ser presidente, se terminó el sueño que buscó durante 12 años. En 2006 perdió una cerrada elección con Felipe Calderón; en 2012 volvió a perder ante Enrique Peña Nieto, hasta que ganó en 2018 por una amplia mayoría.

Cada uno tendrá su propia evaluación si López Obrador lo hizo bien o lo hizo mal.
Desde mi punto de vista quedó mucho a deber.

Quedó a deber un sistema de salud a la altura de los mejores del mundo. No sólo no logró mejorar el sistema público de salud, sino que lo dejó peor de lo que estaba. Destruyó el Seguro Popular, que atendía a personas no derechohabientes de la seguridad social, creo el Instituto de Salud para el Bienestar que nunca funcionó y él mismo destruyó.

Con el pretexto de combatir la corrupción se peleó con las farmacéuticas creando una severa crisis de medicamentos en el sector público, crisis que quiso a arreglar con una mega farmacia que no surte más de 10 recetas al día.

Entre los rostros más visibles de la crisis sanitaria están los de los niños con cáncer y sus padres, que veían, en algunos casos como se apagaba la vida de sus hijos. Pero también están los rostros de los familiares de los 800 mil muertos por la pandemia de COVID-19.

Quedó a deber un campo fuerte. López Obrador quedó a deber el fortalecimiento del campo. No hubo los apoyos prometidos y lo que es peor, dejó a agricultores en manos de la delincuencia organizada, a la que tienen que pagar derecho de piso por trabajar tranquilos.

Quedó a deber una economía fuerte. López Obrador deja una economía sostenida con alfileres. Aumentó el endeudamiento. Se acabó los fondos de contingencia. Los programas sociales ejercen ya una presión sobre las finanzas públicas debido a que no hay manera de financiarlos sin una reforma fiscal.

Una de las cosas que presumió López Obrador fue el aumento en el monto de las remesas, algo que en lugar de ser motivo de orgullo debe darle vergüenza, ya que si las remesas aumentaron fue porque más mexicanos tuvieron que salir al exterior en busca de una mejor calidad de vida para su familia, o bien, quienes ya viven fuera del país aumentaron el monto de sus envíos para apoyar a sus seres queridos.

Pero la deuda más grande de López Obrador es la pacificación del país, algo que él prometió y no consiguió. Con el pretexto de que su administración combatía las causas se le olvidó aplicar la ley y dejó a los delincuentes campear a sus anchas e incluso cogobernar en zonas del país como Sinaloa.

La administración del tabasqueño es la más violenta del presente siglo. Durante su administración murieron de manera violenta 200 mil personas, que si le sumamos las 800 mil que fallecieron por la pandemia, tendremos que durante la administración de AMLO falleció un número de mexicanos igual al de la Revolución Mexicana.

López Obrador tuvo todo para ser el mejor presidente de México, cambiar las cosas de raíz, pero le ganó la soberbia, se cerró al diálogo y quiso imponer su verdad y con ello dividió al país.

Será la historia, no los periodistas y opinadores, la que se encargue de ponerlo en el lugar que le corresponda.

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