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El descontento y las condiciones emocionales de la sociedad mexicana vuelven sumamente complicado y difícil un debate medianamente racional. La polarización lo impide.

El intercambio de ideas se torna en insultos y descalificaciones. A pesar de los avances en las libertades, la democracia y la pluralidad, hoy tenemos condiciones que parecen adversas para la coexistencia de las diferencias y la identificación de objetivos y espacios de interés común.

En la democracia occidental, los procesos electorales han sido catalizadores de los sentimientos colectivos. La indignación con el orden de cosas prevaleciente dio espacio para que un proyecto disruptivo como el que encabeza López Obrador llegara a contar con el aval mayoritario de la población. Eso ocurrió hace tres años y por la manera como se gobierna, esa emoción no se ha abandonado.

Después del resultado el ganador no convocó a la concordia, tampoco dio por terminada la contienda y un ambiente de beligerancia ha predominado a lo largo de la primera mitad del sexenio. La guerra sacrifica la verdad, mina la confianza en el otro y polariza a la sociedad, esto es, no hay terceras opciones, la lealtad es total o no lo es. El desencuentro se ha prolongado más allá de lo deseable y tal parece que habrá de prevalecer hasta la otra estación de paso que será la elección de 2024.

Por el momento influye en el debate sobre la reforma constitucional en materia de energía eléctrica. Ciertamente, el Presidente dio señales de aceptar modificaciones al proyecto de origen, pero lo hizo a condición de que se mantengan las premisas básicas que lo inspiran, es decir, nada moverá al gobierno del objetivo de restituir el poder a la burocracia, desconocer la función de las instituciones del Estado y cambiar la normatividad sobre las cuales se realizaron inversiones y se pactaron contratos y compromisos.

Lo que está en riesgo no es menor; es la pérdida de un bien fundamental para México, la certeza de derechos.

Difícil situación para el debate racional: el régimen con todos sus recursos a la ofensiva, y enfrente, una oposición dividida, callada y confundida, así como empresas inmovilizadas y sin representación eficaz para hacer valer su voz.