El presidente y sus seguidores tratan de impulsar el “renacimiento” de la industria manufacturera, reduciendo drásticamente la inmigración indocumentada, como establece su agenda America First
Estados Unidos y el mundo continuarán padeciendo la escalada de precios de combustible, inflación y carestía de alimentos e insumos, a causa de la mal planeada guerra, que este domingo Irán propuso terminar, abriendo el estrecho de Ormuz en 7 días, a condición de que Estados Unidos cumpla su compromiso del Memorándum de Entendimiento, que el presidente Donald Trump firmó en Francia, el 17 de junio pasado.

El “experto en el arte de negociar”, que amenazó en la ONU con “aniquilar todo Irán si no llegaba a un acuerdo” para terminar la guerra que —como Putin en Ucrania— pensó tomaría 2 o 3 semanas y entró en su séptimo mes, rechazó la propuesta, que atribuyó al impacto de sanciones económicas, y exigió abrir Ormuz —bloqueado también por unidades navales norteamericanas frente a puertos iraníes—, prolongando el riesgo de más muertes, destrucción y dispendio de recursos, mientras se dispara el costo de vida en Estados Unidos, como la inflación, crece la deuda externa que rebasó el límite de 40 trillones y se consume el arsenal estratégico de misiles.

Inconsistencia que parece mostrar la falta de mayor comprensión del presidente con mayor poder en la historia sobre desafíos globales, lo que agrava un gabinete en cuya nominación se dio prioridad a la “lealtad ideológica” comprobada, para crear un sistema de implementación de políticas que depende más de esa lealtad que del conocimiento real y la experiencia institucional, con las consecuencias que todos hemos visto y vivido.
“Lealtad” ciega que —a pesar de leyes aprobadas por el Congreso y firmadas por el presidente— continúa obstruyendo la total difusión de los archivos de Jeffrey Epstein, alma gemela del presidente, por el temor del devastador efecto que pueda tener para su presidencia.
La reciente difusión de sólo 37 páginas, fotografías y videos omitidos, descubiertas por testimonios de sobrevivientes del abuso sexual al Congreso, permitieron a legisladores ver a prominentes y poderosos personajes en actos sexuales con menores, así como mensajes electrónicos y denuncias contra Epstein y el presidente que no fueron procesados.
En ese marco, el presidente Trump ha podido dar un viraje radical a la implementación de políticas interna y externa de Estados Unidos sin oposición alguna, como el abandono del consenso multilateral de 1945, basado en alianzas, considerado un pilar para la convivencia armónica y la solución pacífica de controversias, y que dio origen a la ONU.
Rompiendo con el tradicional apoyo de todos los presidentes demócratas y republicanos, la administración Trump ahora concibe el multilateralismo como restrictivo para los intereses de su país, sustituyéndolo por un modelo transaccional, con prioridad a la soberanía nacional.
En su mensaje de 40 minutos ante la Asamblea General 81 de la ONU, Trump reiteró su oposición a detener la rápida y peligrosa evolución de la Inteligencia Artificial, a la que ahora se refiere como “Super Inteligencia” (a pesar de que le aclararon que así se denomina sólo a la IA analítica o de apoyo en investigación científica y tecnológica). El presidente defendió su guerra contra Irán, instigada por Israel, y su intervención en Venezuela para explotar yacimientos de petróleo y de oro, como denuncia este lunes el diario The New York Times.
Desafió el principio de jurisdicción universal y cooperación judicial global, calificando a la Corte Internacional de Justicia de La Haya como “institución rebelde” y exhortando a sus integrantes a renunciar.
Rechazó un impuesto global al carbón, “establecido en secreto” por la Organización Marítima Internacional, que calificó de “oscuro cuerpo de la ONU manejado por burócratas globales de izquierda”.
Se dijo “preocupado” por la represión de protestas en Irán, pero no del genocidio israelí en Gaza y Líbano, intercalando “logros para terminar 8 guerras” que niegan algunos países involucrados.
Sus políticas inconsistentes y hasta contradictorias quedaron de manifiesto la semana que termina, durante la lujosa recepción que dio al presidente Xi Jinping, de China, al que atacó durante toda su campaña, calificándolo como “la mayor amenaza económica para la industria y el empleo en Estados Unidos”.

No sólo eso, también firmó una orden ejecutiva para justificar un creciente control federal electoral, con una falsa “declaración de emergencia” bajo el argumento de que China “trata de interferir en la elección de medio término”, imponiendo elevadas tarifas a la exportación china y acusándolo de “manipular la moneda y los mercados financieros”.
Sin embargo, ante el aislamiento de Estados Unidos y las preferencias por el desarrollo económico de China, Trump cambió radicalmente su política y retórica, adoptando un tono más conciliador en busca de cooperación en los temas de comercio y estabilidad regional, por lo que no escatimó recursos en la lujosa recepción que ofreció al líder de China, en la que se centró en destacar “la amistad”, mostrándole cuadros y fotografías de atentados y sus modificaciones a la Casa Blanca.
La visita de Estado, duramente criticada por legisladores republicanos y demócratas, no dejó beneficios claros para Estados Unidos, fuera de continuar un diálogo bilateral para abordar temas relacionados con la Inteligencia Artificial y sus beneficios, al margen de su desacuerdo en la imposición de reglas éticas y morales para evitar la destrucción del género humano, como advirtieron investigadores de las empresas que la crearon.
También acordaron reducir tarifas para bienes por 30 mil millones de dólares, sólo hasta el 10 de enero de 2027.
Al amparo del marco de “funcionario por designio”, que desplaza a veteranos servidores públicos de carrera que no “pasan” la rigurosa revisión de “lealtad” del Departamento de Eficiencia Gubernamental, el presidente Trump, anteponiendo la consistencia política a la experiencia especializada, consolida su poder, asegurando la implementación de su agenda, aún a costa de la estabilidad institucional.
El presidente y sus seguidores tratan de impulsar el “renacimiento” de la industria manufacturera, reduciendo drásticamente la inmigración indocumentada, como establece su agenda America First.
De acuerdo con críticos, esas políticas generan recortes al presupuesto, más desempleo, suspensión de servicios de salud, retiro de apoyo alimenticio a familias trabajadoras, desmantelamiento de la protección a niños con discapacidad, erosión de instituciones, brutal detención y deportación de 900 mil inmigrantes, autodeportación de un millón 900 mil indocumentados y el incumplimiento de todas las promesas de campaña del presidente Donald Trump.
El presidente Trump enfrenta ahora acaloradas protestas de legisladores republicanos y demócratas por invitar unilateralmente al presidente ruso Vladímir Putin —quien durante más de 12 años ha apoyado sus campañas presidenciales— al Club Nacional de Golf Doral, de Miami, FL, donde hará un gran negocio más con la reunión del G-20 en diciembre, con cargo a los contribuyentes.

Aunque pertenece al G-20, Rusia ha sido excluida de las reuniones por su invasión a Ucrania. La invitación anunciada por el secretario de Estado, Marco Rubio, se hizo sin consultar a países aliados, molestos ya por la asistencia de Anton Siluanov, ministro de Finanzas ruso, a la reunión del G-20 en Carolina del Norte.
