Esta reforma no asegura la plena lealtad a México de los futuros funcionarios o funcionarias. Sinceramente, es solo politiquería
Hace unos días platiqué con Dani, una joven de 22 años, muy activa en su comunidad. Sin embargo, si Dani quiere entrar a la política, ahora que piden que más jóvenes lo hagan, dentro de muy poco tiempo tendrá un impedimento: su doble nacionalidad. Sí, Dani nació en Phoenix, Arizona. Además de mexicana, es estadounidense.
La presidenta Sheinbaum mandó al Congreso una reforma para añadir un requisito para ser gobernador, jefe de Gobierno o presidente de la República. Quienes pretendan ocupar esos puestos, a partir de la aprobación de la reforma, no deberán tener doble nacionalidad.
La reforma se enmarca en el discurso que la presidenta ha manejado en fechas recientes: la defensa de la soberanía y la lucha contra el injerencismo extranjero.
La presidenta quiere, con esta iniciativa, atajar cualquier forma de que un gobierno extranjero intervenga en el país aprovechando la doble nacionalidad de quien ejerza el cargo. En pocas palabras, asegurar la lealtad.
Siguiendo la lógica presidencial, no solamente debería ponerse el requisito de no tener doble nacionalidad a quienes busquen gobernar alguna entidad o al país. Debería establecerse para todo el que busque un cargo de elección popular.
Y conste que yo no digo que la reforma tenga dedicatoria para alguien, como lo han hecho algunos analistas, con mucho más prestigio que un servidor.
Lo que me parece increíble son las contradicciones en las que cae la 4T.
En 2019, el expresidente López Obrador mandó modificar la Ley de Entidades Paraestatales para que Paco Ignacio Taibo II, nacido en España, pudiera dirigir el Fondo de Cultura Económica.
Hasta antes de ese año, uno de los requisitos para dirigir cualquier paraestatal u organismo descentralizado de la administración pública federal era ser mexicano por nacimiento. Después de la modificación, los requisitos son los siguientes:
Ser ciudadana o ciudadano mexicano, ya no se exige “por nacimiento”.
Estar en pleno goce y ejercicio de los derechos civiles y políticos.
Haber desempeñado cargos de alto nivel decisorio con experiencia relevante.
No estar en los impedimentos que señala la propia ley.
Como podemos ver en los requisitos, ya solo se exige ser ciudadano mexicano. Ya no se especifica “por nacimiento”. La ley tampoco pone como excluyente la doble nacionalidad.
Pero ya que estamos en esto de evitar que algún país extranjero quiera tener alguna injerencia en asuntos internos de México, ¿qué pasaría si un aspirante estuviera casado con una persona no nacida en México? ¿Se le obligaría a renunciar a los lazos con su país?
Esta reforma no asegura la plena lealtad a México de los futuros funcionarios o funcionarias. Sinceramente, es solo politiquería.
EN EL TINTERO
El expresidente López Obrador volvió a salir. Dice que se jubiló y le ha ido bien.
La tarea más urgente de Morena es empezar la operación cicatriz luego de la elección de sus 17 candidatos a gobernadores para las elecciones de 2027.
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