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El presidente López Obrador cometió la imprudencia de apuntalar la insolente conducta pendenciera del diputado Gerardo Fernández Noroña en el Instituto Nacional Electoral con su negativa a ponerse cubrebocas.

“Lo más importante es la libertad”, afirmó el mandatario, otorgándole a uno de sus menos recomendables seguidores una coartada adicional a la que el propio majadero empleó para intentar justificar su rechazo a un explicable protocolo sanitario: “El responsable del manejo de la pandemia a escala nacional, Hugo López-Gatell, insiste que el cubrebocas da una falsa sensación de seguridad y no evita el contagio…”, arguyó el prepotente legislador, quien además apeló al indeseable fuero de que goza.

Ignora, por lo visto, que hasta el irresponsable subsecretario a cargo de la perniciosa “estrategia” contra la pandemia reconoce (a regañadientes, claro) que el cubrebocas es un recurso “auxiliar” (también la sana distancia y el aseo continuo) para prevenir contagios, y que no sirve como escudo contra el virus pero sí para que los asintomáticos propalen en menor grado las partículas del bicho letal.

“Prohibido prohibir”, dice el Presidente, retomando una de las frases emblemáticas del movimiento estudiantil parisino en mayo de 1968, pero nada en aquellas jornadas tuvo que ver con la salud pública.

Cada institución, pública o privada, tiene facultades para imponer medidas que contengan la propagación del virus, como sucede por ejemplo en los establecimiento comerciales, donde a los clientes se les toma la temperatura, se les pide frotarse las manos con gel antibacterial y pisar un tapete sanitario antes de ingresar.

¿No quieren hacerlo? Se les impide la entrada. Alegar que se les coarta su “libertad” es tan idiota como pretender orinar en la calle o manejar en sentido contrario.

El desatino presidencial es muy importante por el solo tema pandémico y las cifras aterradoras del fracaso de la “estrategia”, pero lo es más en vísperas del segundo aniversario de López Obrador en el poder de los poderes y al día siguiente de la presentación de una variante del Catecismo del Padre Ripalda corregido, revolcado y aumentado con la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, titulado Guía Ética para la Transformación de México.

Dijo el Presidente que la gente tiene que decidir libremente y llamó a tener confianza en los mexicanos porque “siempre actúan con sabiduría”. “El pueblo es sabio. Esto choca mucho con la mentalidad conservadora, que están más acostumbrados a las imposiciones. Nosotros somos más partidarios de la libertad y de la democracia. No creemos en el autoritarismo, en imponer nada”.

¿Por qué ni López Obrador ni Fernández Noroña esgrimieron el “prohibido prohibir” cuando la jefa de Gobierno de CdMx, Claudia Sheinbaum, publicó en la Gaceta Oficial acciones que la población debía acatar ante la nueva peste: “Será obligatorio para todas las personas que habiten o transiten en Ciudad de México el uso de cubrebocas…”?