Hace unos meses presenté en este espacio una fotografía del presidente del PRI, Alejandro Moreno en la Cámara de Diputados en donde me aventuré a decir que podría ser la mejor fotografía de su carrera como político y aún más, como dirigente del partido.

En la fotografía del mes de abril, aparecía embravecido, convencido, seguro, poderoso, aguerrido y con toda la postura que un líder de un partido político debería de tener en todo momento. En aquel momento cuando se dio la discusión sobre la reforma energética y llevó a 70 priistas a estar en la misma sintonía y concordancia con la decisión de no votar a favor.

Alejandro Moreno sobresalía, se involucró incluso realizando sus propios mensajes en cartulinas para provocar y contagiar a su grupo a que se viera claro, que allí había una oposición fuerte y unida.

Los diputados presentes y la gente a su alrededor estaban pegaditos a él, todos miraban hacia la misma dirección, tanto físicamente en la fotografía como en el objetivo de votar en contra. Insisto hasta parecía real.

A dos meses de esa imagen, tenemos la escena antagónica que se refleja en otra serie de fotografías que fueron publicadas en casi todos los periódicos nacionales desde el día de ayer.

Alito se reunió con los suyos con la intención de escuchar las inquietudes del resto de su círculo para analizar el siguiente paso del partido, previo al 2024. Sobre todo después de las derrotas en las pasadas elecciones, sus grabaciones, sus declaraciones fuera de lugar y su reputación.

El PRI la tuvo y la dejó ir, pudo elegir con la unión y las ganas de sí representar una oposición, pero terminó por dejar ir todo tipo de oportunidad.

En la reunión, Moreno no preguntó, no hizo ningún tipo de consulta y les dejó claro, que si pensaban que se iba a retirar o que iba a dejar sus aspiraciones a ser el candidato a la presidencia, estaban muy equivocados.

Porque si alguien quería pelearle el puesto, tendrá que quitárselo; él no se va.

Pero para su mala suerte, siempre hay un momento capturado en donde la realidad se asoma, porque las poses se pierden, la sonrisa para la foto “oficial” se desvanece, y entonces vemos lo que hay que ver.

En todo lo contrario, con la fotografía del fotoperiodista Benjamín Flores de ProcesoFoto lo vemos completamente solo tras la conferencia de prensa, después de su reunión con expresidentes del PRI.

Él posa como si tuviera algún triunfo qué presumir o incluso hasta su inocencia los audios que se han filtrado y demás declaraciones.

Pero nadie lo mira, nadie se queda con él, le dan la espalda porque ya se acabó el tiempo de poses, porque la realidad allí dentro no es lo que el propio presidente del partido quiere hacernos ver.

Lo que queda del PRI comienza a desmoronarse por completo y su presidente también, ahora sonríe, pero no muestra ningún tipo de energía que refleje su liderazgo. Él juega su papel de todopoderoso, e incluso un poco como lo que tanto critican de quien ocupa “el palacio”.

Allí está, inamovible, pero solo.

Sigo convencida, que aquella foto de abril será la única que pueda ver para darse cuenta que sí podía, pero se le acabó la voz y el coraje para ser oposición.

Qué lástima.

alejandro moreno