Minuto a Minuto

Internacional Al menos 15 muertos en accidente de un avión militar de carga en Bolivia, según bomberos
El avión militar tocó tierra, pero no alcanzó a frenar, presuntamente porque la pista se encontraba con hielo
Nacional Fallece Gerardo Jiménez Aguado, secretario de Acuerdos de Economía
La muerte de Gerardo Jiménez Aguado fue confirmada por el titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard
Nacional Exportaciones de Perú a México superaron por primera vez mil millones de dólares en 2025
Las exportaciones que forman parte del Acuerdo de Integración Comercial Perú-México, ascendieron en total a mil 036 millones de dólares
Nacional México se mantiene entre los países con menor hambre en América Latina, según la FAO
México registró una prevalencia estimada de subalimentación de 2.7 % lo que lo ubica entre los países con menor hambre en América Latina
Nacional México logra récord Guinness de la camiseta de fútbol humana más grande del mundo
El gobierno de México integró a su agenda rumbo al mundial 2026 el récord Guinness que recibió Chiapas por la camiseta de fútbol más grande

Mujeres, hombres y menores de edad que han llegado a nuestro país trasladándose de todas las maneras posibles, siendo legales o no, siguen creándose un espacio para sobrevivir y hacer una vida con base de trabajo.

Se han convertido en migrantes porque se han quedado aquí, han encontrado albergues, en otros casos ayuda directa y en otros tantos solo se han podido acomodar en alguna esquina o debajo de puentes para buscar cómo hacer vida fuera de casa.

Hay quienes fueron aprendiendo a subsistir en colectividad, durante el camino y a su llegada. Casas de campaña o a la intemperie, como quiera que sea, eran muchos, estaban juntos y con el espacio reducido se fueron aclimatando.

La ropa se les fue donando y a los niños también sus juguetes. Los campamentos comenzaron a disolverse porque los albergues abrieron puertas y la suerte les llegó a unos cuantos que con papeles pudieron salir a trabajar o a estudiar.

Hay muchos que no cambiaron de país para pedir limosna, sino para prepararse y hacer valer cada una de las oportunidades que el estado les puede brindar.

Los niños, los que no acaban de entender del por qué dejaron su cuarto, a sus abuelos o a sus vecinos, son los que inyectan la imaginación a la rutina del agotamiento y de la esperanza. Porque no está fácil, y lo saben.

Víctor Medina, uno de mis fotoperiodistas favoritos de nuestro país documentó el interior del albergue Alfa y Omega y a sus 60 familias que lo ocupan, al recibir donativos por parte de la comunidad universitaria de la Facultar de Ciencias Humanas y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

Esta vez fueron alimentos no perecederos, ropa y juguetes que fueron recolectados como parte del programa organizado por el Dr. Hugo Méndez Fierros en donde colaboraron estudiantes de las facultades.

La fotografía que hoy muestro y que captó Víctor es digna de una escena de la película La Vida es Bella, protagonizada por Roberto Benigni.

La madre haciendo volar a su hijo, impulsándose para agarrar vuelo hasta terminar ambos mareados de vuelta y vuelta.

Los colores como llamaradas de vida, el rosa, el naranja, el rojo, el azul del ciello y el viento que se les cuela entre los brazos, seguramente los trasladan a un momento en donde olvidan por completo que todo lo que está al fondo no sirve, que lo que se acumula es de todos y es de nadie, que no es de ellos pero que se lo han apropiado.

Una voltereta y una carcada de temor y adrenalina porque el piso comienza a moverse y con ello los recuerdos de cuando recién salieron de su casa con el miedo en las venas y el cansancio en sus pies y en el alma durante el recorrido.

Como si el cielo se pintara de arcoíris, como un juego 24/7 ante los ojos de los pequeños, mas no para los padres.

Una casa compartida, con 60 personas allí dentro y en un solo cuadro, Víctor Medina y el vuelo del niño con playera verde nos demuestran que la vida es y puede ser bella, según los colores con la que la miremos.

Mujeres, hombres y menores de edad que han llegado a nuestro país trasladándose de todas las maneras posibles, siendo legales o no, siguen creándose un espacio para sobrevivir y hacer una vida con base de trabajo.

Se han convertido en migrantes porque se han quedado aquí, han encontrado albergues, en otros casos ayuda directa y en otros tantos solo se han podido acomodar en alguna esquina o debajo de puentes para buscar cómo hacer vida fuera de casa.

Hay quienes fueron aprendiendo a subsistir en colectividad, durante el camino y a su llegada. Casas de campaña o a la intemperie, como quiera que sea, eran muchos, estaban juntos y con el espacio reducido se fueron aclimatando.

La ropa se les fue donando y a los niños también sus juguetes. Los campamentos comenzaron a disolverse porque los albergues abrieron puertas y la suerte les llegó a unos cuantos que con papeles pudieron salir a trabajar o a estudiar.

Hay muchos que no cambiaron de país para pedir limosna, sino para prepararse y hacer valer cada una de las oportunidades que el estado les puede brindar.

Los niños, los que no acaban de entender del por qué dejaron su cuarto, a sus abuelos o a sus vecinos, son los que inyectan la imaginación a la rutina del agotamiento y de la esperanza. Porque no está fácil, y lo saben.

Víctor Medina, uno de mis fotoperiodistas favoritos de nuestro país documentó el interior del albergue Alfa y Omega y a sus 60 familias que lo ocupan, al recibir donativos por parte de la comunidad universitaria de la Facultar de Ciencias Humanas y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

Esta vez fueron alimentos no perecederos, ropa y juguetes que fueron recolectados como parte del programa organizado por el Dr. Hugo Méndez Fierros en donde colaboraron estudiantes de las facultades.

La fotografía que hoy muestro y que captó Víctor es digna de una escena de la película La Vida es Bella, protagonizada por Roberto Benigni.

La madre haciendo volar a su hijo, impulsándose para agarrar vuelo hasta terminar ambos mareados de vuelta y vuelta.

Los colores como llamaradas de vida, el rosa, el naranja, el rojo, el azul del ciello y el viento que se les cuela entre los brazos, seguramente los trasladan a un momento en donde olvidan por completo que todo lo que está al fondo no sirve, que lo que se acumula es de todos y es de nadie, que no es de ellos pero que se lo han apropiado.

Una voltereta y una carcada de temor y adrenalina porque el piso comienza a moverse y con ello los recuerdos de cuando recién salieron de su casa con el miedo en las venas y el cansancio en sus pies y en el alma durante el recorrido.

Como si el cielo se pintara de arcoíris, como un juego 24/7 ante los ojos de los pequeños, más no para los padres.

Una casa compartida, con 60 personas allí dentro y en un solo cuadro, Víctor Medina y el vuelo del niño con playera verde nos demuestran que la vida es y puede ser bella, según los colores con la que la miremos.

La vida es bella - screen-shot-2021-11-29-at-194733-1024x681
Foto: Víctor Medina (Instagram @victormedinafoto)