La pared y la niña

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

Entonces volví a mirar a la chiquita que nos observaba sin moverse de allí, temerosa al no saber qué hacer ante tantos desconocidos y a simple vista, sin nadie a su alrededor

Fotografiar se ha convertido en un acto de todos los días, el ciudadano promedio ha adoptado la tarea de retratar lo que ve y de atestiguar visualmente lo que sucede a su alrededor.

En realidad, la tarea diaria que hacemos los profesionales, la ejemplificamos y proyectamos de una manera más sencilla y con mayor alcance, gracias a las redes sociales.

Un tema a reflexionar es sobre la voluntad visual que ya nos rebasa nuestra capacidad explicativa de las cosas y de los actos, porque toda conversación se resume en un “mira, deja te enseño lo que vi”.

Entonces caminamos con la mirada atenta a lo que siempre ha estado a nuestro alrededor, las paredes, la gente, el camino de todos los días, con días grises o llenos de sol.

Bajo la cotidianidad electoral, en la que estamos muchos durante este mes, el salir a las calles todos los días nos ha devuelto la actividad constante de cada uno de los sentidos.

Caminar bajo el sol o ante cualquier inclemencia del tiempo, nos ha obligado a utilizar la vista y recordarnos que lo que se vive a ras del piso no se asemeja del todo a lo que los medios nos muestran en las pantallas o en los impresos.

El paladar se ha abierto paso y el sentido del gusto se ha saciado comiendo cada uno de los platillos que amablemente la gente nos invita durante los recorridos. Los sabores siempre terminan recordándonos al sazón de las abuelas y en tiempos de la infancia.

Cada colonia y cada hogar guarda un aroma que nuestro olfato comienza a registrar como un archivo adicional a lo que la mente va recordando. Al final de cuentas los olores también se encapsulan y nos hacen regresar a los momentos.

La piel se nos comienza a poner negrita de tanto sol, como una especie de sello que marca que cumplimos con la tarea diaria, pero en donde más se activa es con la cercanía de la gente, porque aún y respetando la sana distancia y las debidas precauciones el tacto percibe el humor y los ánimos.

Mientras que el sentido del oído es el que no descansa, el que nos recuerda que quien sale a las calles a tocar puertas debe de mantenerse alerta y con la paciencia suficiente para escuchar.

En las campañas políticas los candidatos y su equipo más cercano debe de tener claro que el mayor trabajo es estar y demostrar la suficiente disposición para los ciudadanos. Como lo dirían por ahí, aunque llueva truene o relampaguee hay que saber escuchar, mirar y atender con los cinco sentidos.

Entonces todo se vuelve más divertido para quienes observamos y nos gusta hacerlo, porque es comparable con la sensación de un niño pequeño entrando a una juguetería, no sabemos para dónde voltear porque todo nos llama la atención, queremos dar click en un rostro o en otro, en el color de los barrios, en la puerta de la casa, en el platillo que te ofrece doña Mary, en los niños que vitorean el nombre de quien ni siquiera conocen o en extremo profesionalismo cada paso del candidato en cuestión.

Por lo que podría usted imaginarme en medio de la gente, del sol, del ruido y de la diversidad visual ante mi en querer fotografiar unas cuantas escenas con mi lente y otras solo registrarlas en mi archivo mental.

Pero caminando entre calles de algún lugar de nuestro bello país, la mirada me atrajo hacia esta pequeña que salió de su casa para saber quiénes estaban allía fuera haciendo tanto ruido.

Una pequeña de quizá 3 o 4 años, con una blusa azul de cuadritos y un pantalón con algún diseño que no alcancé a descifrar, sus chanclas y sus manitas siempre pegadas a su boca. Solita entre colcas y toallas colgadas, un perro y mucha tierra.

Su casa a medio construir, muy al fondo de una especie de calle que no es calle, con una pared recién pintada que invita a quien la mira, a que vote por morena, al menos por sus diputadas federales.

Una pared sucia, cubierta de varias pasadas de pinturas con distintos mensajes. Un espacio que se vende al mejor postor y en la temporada que mejor les beneficie.

Todo lo que observamos de manera directa o indirectamente está expuesto a distintas interpretaciones, tan variadas que la realidad se vuelve relativa.

Porque lo que yo vi en la pared y en la realidad tangible fue pobreza y olvido de quienes han captado el poder de este país para beneficiarse de manera escandalosa y desvergonzada, olvidando a la clase más débil y vulnerable de nuestro país y de quienes tanto se profanaron de defender en tiempos de campaña.

Y así como es la imagen y las connotaciones propias, pensé en las inoportunas declaraciones del presidente sobre la venta de niñas en comunidades del estado de Guerrero y su cobarde discurso en donde termina convirtiendo una problemática de género, de machismo y de derechos humanos en un tema clasista y racista.

Entonces volví a mirar a la chiquita que nos observaba sin moverse de allí, temerosa al no saber qué hacer ante tantos desconocidos y a simple vista, sin nadie a su alrededor.

La niña como un objeto de abandono y de venta, frente a un letrero de interés político que solo nos recuerda a los adultos, que en verdad está sola y que su vida e integridad corre peligro; por la inseguridad, por la falta de oportunidades y porque ella podría enfrentarse a la necesidad de sus padres y terminar siendo un objeto de compra-venta.

La pared y la niña, la tierra y el abandono. La interpretación a partir de lo que observo y lo que puedo fotografiar para invitarlo a usted a entrar en una conversación visual y de re interpretación.

Antes la pintura era la representación de real, hoy en día son millones de fotografías que se comparten cada segundo, cada minuto en el mundo entero. Esto que hoy le muestro, que fue lo que yo vi, es un símbolo de olvido y descuido de esos que conforman el actual poder y que tienen todavía la desfachatez de pintar una barda frente a la precariedad de quien habita ese terreno.

Los sentidos se activan y no solo perciben, sino que nos ayudan a recordar que equivocarnos a la hora de votar, ya no es opción.

Foto: Laura Garza.
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