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La fotografía como un instrumento clave para encaminar nuestros pensamientos y a nuestros sentidos a revivir el pasado en breve o el que ya por alguna razón, comienza a irse al olvido.

Recordar por medio de una imagen capturada, la mirada congelada, la sonrisa en pausa y aquél ambiente de alrededor que hasta nos provoca suspirar como si pudiéramos recrear el todo de lo que ya pasó.

Quienes conservamos álbumes fotográficos con impresiones en blanco y negro y a color, reconocemos el valor de un objeto como tal; incluso ir a hojear esos libros regordetes con olor a viejo, suele ser un acto de valor y de mucha nostalgia que queremos palpar y volver a sentir.

Las fotografías también se convierten en un proceso de duelo, hay quienes terminan sepultando en los rincones más oscuros y lejanos del hogar los rostros de quienes fallecieron ya, los momentos que solo les trae tristeza y dolor, mucho.

Están quienes los conservan en modo de réquiem y como parte de la vida, pero también están quienes rompen todo, quienes tiran y se deshacen de cualquier rastro visual que quede de esa o esas personas que ya no están.

Los que murieron, los que les hicieron daño, los que les traicionaron, las ex parejas, los exTODO, porque al final cuando algo acaba pues hay un punto final en las historias que requieren, algunas veces, un borrón y cuenta nueva, de manera literal.

Hay quienes logran entender que cuando algo se acaba, hay que cambiar en cómo vemos a nuestro alrededor e incluso transformamos nuestra mirada. Se vale.

Eso hablando en el plano más emocional y personal, porque claro está que la imagen también duele y también sana.

La secuencia del drama vivido con Messi y el Barcelona esta semana ha sido el ejemplo claro, de cuando una relación termina y la vida sigue.

La imagen que hoy presento es la escena perfecta del antes y el después de una relación profesional, porque claro está, la relación emocional la llevan los fans del equipo y del jugador, el resto es trabajo.

La imagen que adornaba la tribuna del Camp Nou en Barcelona fue removida en las primeras horas del día de ayer, mientras Leo Messi aterrizaba en París para firmar con su nuevo equipo.

La panorámica en donde aparecían más jugadores comenzó a ser removida primero por el rostro de su 10, Messi.

No fue el portero Ter Stegen o a Piqué, sino directamente se inició por el ya no querido, por el que se fue, por el que decidieron ya no apostar más, por el que se despidió un día previo con lágrimas en los ojos, porque al final allí se formó, creció y se hizo grande.

Messi ha sido parte de la identidad de un club como el Barcelona, con La Masia y su formación de talentos desde pequeños como Pep Guardiola, Tito Vilanova, Puyol, Xavi Hernández, Piqué, Cesc Fábregas, por decir solo algunos que le han dado el valor a lo que hoy conocemos como el Barza.

Pues Messi se fue y había que hacer lo que había que hacer: quitar cualquier imagen que lo mantuviera dentro del equipo. No más Leo Messi, se acabó la historia.

Muchos sintieron la ruptura como si fuera propia, como un amor que no los quiere más, como un ídolo que no verán más cada 15 días jugar en el campo, como cuando se rompe el corazón porque no habrá un mañana y lo digo en el sentido más literal, porque eso sucede cuando la pasión del fútbol y la admiración se conjugan.

La imagen la guardé porque había que hablar de ella, porque cuando algo acaba las fotos se van, desaparecen, se simula la desaparición por completo del o la ausente, porque se rompe y se resquebraja la historia que un día existió.

La realidad es que si Messi dejó de ser un jugador, un empleado, un activo y un miembro más, pues hay que quitarlo y dejarlo en la historia.

Su sonrisa llegando a París y presentándose con el jersey azul del PSG lo dijo todo, el trabajo es negocio también, y él lo sabe.

Porque cuando todo se acaba aquí, algo está por comenzar allá.

Así es la vida y hay que seguir.

Cuando todo se acaba - img-2623
Foto de EFE.