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Tomás, el incrédulo apóstol dijo “si no lo veo, no lo creo” cuando el resto le decía con la certeza y seguridad que Cristo había resucitado, pero él insistía en que si no veía y no lo tocaba, no lo creería.

Claro, eso es teología y parte del Evangelio católico, pero nos trae hasta nuestra actualidad, la necesidad imperante de ver para creer, de tener una imagen para constatar lo que vivimos, de apoyarnos en la foto o en el video para describir a los demás que lo que vimos o hicimos, fue verdad.

Las nuevas generaciones y nosotros de por medio, hemos ido perdiendo la capacidad de explayarnos en el lenguaje, porque describir una escena se remite a tomar el celular y mejor mostrar la foto o el video. Es más sencillo y así quien lo mira, lo hace con sus propios ojos y no pensará jamás como lo hizo Tomás, el apóstol.

Vivimos siendo observados y hacemos que no nos damos cuenta, pero cada vez hay más cámaras en los edificios, en las calles, en los centros comerciales, en los elevadores y hasta en ciertos taxis de aplicación, recibes el aviso antes de subir, que el auto cuenta con cámara de video.

Ariadna Fernanda fue asesinada en el interior de un departamento en la colonia Condesa, y su cuerpo fue abandonado en Tepoztlán. ¿Pero qué pasó de un trayecto a otro? Las cámaras no lo explicaron, paso a paso.

Rautel, el novio de Vanessa, el que vivía en la condesa, el que se atrevió a cargar a Ariadna en sus hombros y bajar las escaleras hasta el sótano donde tenía estacionada su camioneta. Colocarla allí dentro en un par de segundos, y caminar hacia la puerta del piloto para subir y manejar hasta deshacerse del cuerpo.

La escena del crimen no la conocemos, pero sí la extensión de ella.

Ariadna como un muñeco de trapo, pero sin ningún tipo de flexión en sus extremidades. ¿Cuánto tiempo ya llevaría sin vida?

Rautel no se librará de la cárcel, no habrá “ayuda” que lo elimine de la escena en su edificio. Las cámaras documentaron y registraron su frialdad y todo será utilizado en su contra.

Creemos lo que vemos - laura-garza-creemos-lo-que-vemos-1024x537

El valor del exceso de cámaras en estos tiempos, de gente desconocida observando 24/7 y la importancia de ellas para capturar el exceso de violencia que hoy vivimos.

Se nos escapa de las manos nuestra propia seguridad, se nos esfuma la confianza en quienes creemos que son nuestros amigos, se desaparece la certeza de volver a casa tranquilas.

Ojalá hubiese cámaras para todas las mujeres que perdieron la vida de la peor manera. Ojalá.