En el Nuevo León viejito, pero el de muchos años atrás tenía una presa, la nombraban la Boca e ir hasta la carretera nacional era todo un viaje. Los fines de semana era el paseo familiar obligado para convivir en familia frente al majestuoso paisaje entre las montañas y el horizonte del agua.

En la presa podías ir a comer o ir por un elote, en lo personal tengo el recuerdo de muchos domingos en donde salíamos de casa mis papás, mi hermano mayor y yo rumbo a la diversión.

El plan incluía una primera parada a montar a caballo, detrás del restaurante El Tino en una pista llena de tierra en la que había caballos chiquitos, medianos y grandes para montarlos y darle varias vueltas.

El recuerdo está en bajo los rayos fuertes del sol dar muchas vueltas a la pista armada de manera improvisada hasta que mi papá nos mirara con esos ojos fulminantes en que ya daban la orden de que el tiempo se había acabado.

De allí pasábamos a darle la vuelta a la carretera nacional para entrar a los terrenos de la presa la boca para buscar al señor que vendía los elotes. En Monterrey se elige “en vasito o entero”.

Paseábamos cerca de la presa y allí terminábamos de comer bajo la sombra ya de la tarde y la compra de una que otra chuchería de la edad.

La presa era ese lugar que nos acercaba al mar, aún sabiendo que no lo era, pero con el agua y el sol junto a los calores regios, era un gran paseo.

Después mis hermanos más chicos vivieron la presa de una manera distinta, en donde incluían catamaranes y fiestas y fiestas los fines de semana. Todavía hace unos meses llegaba hasta allá en mis recorridos en bici.

Los 50kms en los que llegaba hasta la presa o a Villa de Santiago, no adelantaban en lo más mínimo que el nivel del agua estuviera sufriendo de manera tan drástica. Ha sido en tan poco tiempo que se ha secado por completo.

Hoy cada fotografía de la presa es un dolor indescriptible. Leer que está a su 13.1 por ciento de capacidad es lo mínimo cuando ves el área seca, la arena cuarteada cual desierto sobre los calores de más de 35 grados actuales.

En menos de un año Nuevo León ha ido entendiendo el slogan del nuevo gobierno “el nuevo Nuevo León” y es que la falta de agua no solo es por la sequía propia del cambio climático, sino de un mal manejo del sistema de agua en el estado.

El intenso calor que ni siquiera le abrió suficiente paso al invierno, ahora los incendios en la Sierra de Santiago y la aridez de autoridades que pareciera no sorprenderles tanto como al resto de su gente.

Las dos fotografías son un retrato del abandono y por ende, la ausencia. Lo que no se cuida se va, lo que no se atiende desaparece. Quizá es un error por parte de los ciudadanos en el abuso del consumo y por otra parte, una mala planeación y visión en el tema por parte de las autoridades.

Las fotografías en el antes y el ahora, y el dolor sigue creciendo como un abismo dentro de los recuerdos de tantos regios que crecimos con un paseo familiar desde que éramos pequeños.

La historia familiar cambiará después de que termine por secarse.

Qué triste es mi nuevo Nuevo León.

presa nuevo león

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