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Leo a Alfonso Reyes con deleite inédito. Es el Reyes de Cartones de Madrid (1914-1917), un Reyes de 25 años, exiliado, pobre, persiguiendo la chuleta en Madrid, deslumbrado por Madrid, deslumbrante en su mirada sobre Madrid.

Va una pieza, llamada Las Roncas:

“Blusas rojas, pañuelos verdes al cuello; la falda, como quiera. Esas hembras de voz tan ronca, de fáciles cóleras, son todas hembras, todas conscientes de la maldición.

“Andan con un ritmo animal, pisan el suelo de verdad, usan unas alpargatas planas. De allí que la cadera, siempre en juego, sepa quebrarse graciosamente; pero casi siempre se desarrolla en exceso con los años, y esas mocitas terribles de quince se pierden al crecer.

“Mujeres trompos, mujeres ánforas. Siempre van a la fuente: qué sé yo si quiebran el cántaro. El botijo les es natural, como el espejo o la manzana a la diosa. Lo han criado en sus curvas, lo han brotado de sus cinturas; lo abrazan al pecho y se balancean, mirando fosco, como si abrazaran a un amante.

“Cuando van a llenarlo a la fuente, todo el mundo puede pedírselo y echar un trago al aire. Entonces hacen corro para comadrear, hablan de tarabilla, carcomiendo todas las palabras, a pie quebrado, transformando las consonantes para tropezar menos en ellas, con instinto y con natural majeza.

“Y hablan ronco, ronco, echando del busto una voz tan brava que nos desconcierta y nos turba. Y aguantan, si las miramos, y hasta gritan algo: acuden al reclamo siempre. Y contestan el requiebro, prestas, en una lengua hueca y convencional que las defiende mejor que los pudores.

“¿Qué quieren? Quieren que nos maten. ¿No es eso amor? Quisieran devorar al macho, apropiárselo íntegro, como la hembra del alacrán. Cercenarle la cabeza, como la araña, al tiempo de estarlo embriagando: mascullarlo, desgarrarlo, echarlo a la calle a puntapiés, tembloroso todavía de caricias”.

Me pregunto qué oirán en estas líneas las sensibilidades feministas modernas. ¿Un arabesco misógino? ¿La autodenuncia de un mirón de jovencitas? ¿Un abuso literario de género?

Creo que no. Si escuchan bien, escucharán a un hombre que describe mujeres de un poder vital muy superior al suyo, ante las que se rinde con fervor y elocuencia.