Crece la ida en Morena de que, para resarcir al PT, le den una candidatura al menos, con la excusa que los candidatos y candidatas no son tal y solo son “coordinadores”
Los únicos gobiernos estatales de Morena incapaces de imponer sus candidaturas para 2027 fueron Tlaxcala y Baja California Sur. El resto, le pasó por encima a Ariadna Montiel y Citlalli Hernández: hasta el Partido Verde, que se llevó cuatro de 17.
Montiel y Hernández sólo condujeron el proceso, que ungió a 10 mujeres y 7 hombres, y tuvieron que ceder terreno al Verde, un aliado muy reciente; mientras dejaron fuera al PT, partido que mantuvo por años al “movimiento” que en 2014 se convirtió en Morena.
Mal y de malas para Víctor Castro, gobernador de Baja California Sur; y Lorena Cuéllar, gobernadora de Tlaxcala: los gobernadores de Baja California Sur y Tlaxcala, fueron los únicos que colocaron sus corcholatas.
La explicación es que cuando gobernador o gobernadora se desgasta, también se devalúa su capacidad para imponer perfiles allegados. Y sus líos se acentuarán: en los hechos, tendrán que aflojar el poder a las corcholatas, en los 11 meses venideros.
En Baja California Sur, Manuel Cota rebasó la apuesta de Castro, la alcaldesa de La Paz, Milena Quiroga. Castro pensó ganar con base en su poder formal, pero los Cota manejan las estructuras desde que Leonel, el padre, fue gobernador por el PRD (1999-2005).
Cota hijo construyó una alternativa con la bandera del relevo generacional, mientras Quiroga cargó cuestionamientos sobre su administración, más los de Castro, el gobernador peor evaluado de México en las encuestas de Mitofsky, FactoMétrica y Demoscopia.
En Tlaxcala, Lorena Cuéllar tampoco consiguió hacer valer el peso del poder formal. Ana Lilia Rivera, con una trayectoria ligada al activismo, el EZLN, la izquierda y las luchas sociales, terminó imponiéndose, frente al grupo de la gobernadora.
La señal política para Castro y Cuéllar es incómoda: gobernar no significa mandar, y el poder tampoco garantiza poner sucesor. Y, ahora, con las corcholatas encima en los 11 meses que les faltan en el gobierno, ambos serán lo que llaman en política “patos cojos”.
Pocas situaciones exhiben tanto como descubrir que llegó la hora de heredar y ya no alcanza el cargo para decidir quién recibe la herencia: justo ese fue el éxito de López Obrador al dejar a su corcholata Sheinbaum al mando, lo cual no pudieron Fox, Calderón ni Peña.
Y, para Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, el resumen es que maltrataron al PT, que dio origen a Morena, pues tenía registro cuando Morena era sólo una idea y dio cargas de dinero público al entonces “movimiento” de López Obrador.
Crece la ida en Morena de que, para resarcir al PT, le den una candidatura al menos, con la excusa que los candidatos y candidatas no son tal y solo son “coordinadores”.
Morena puede hacerlo: es una autocracia.
