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Escribo esto por la tarde del domingo, antes de saber los resultados exactos de la elección del 1 de julio, la más grande, por su número, de la historia de México.

No tengo cifras definitivas de los resultados, pero todo indica, por las primeras encuestas de salida, que ayer hubo un cambio mayúsculo en la estructura misma de la democracia mexicana, que es su sistema de partidos.

El electorado castigó severamente a los antiguos referentes partidarios, el PRI, el PAN y el PRD, y dio a luz a un nuevo partido mayoritario, Morena, así como a un presidente y a un gobierno fuertes, con un mandato como no había tenido ningún contendiente desde la alternancia democrática del año 2000.

Las elecciones de ayer reconocen como mayoritario un proyecto de gobierno de ruptura respecto de los que hasta ahora encumbró la democracia mexicana.

El triunfo de López Obrador y de Morena pone fin al consenso liberal o neoliberal que guió la política y la economía de los últimos años.

Da el poder a un presidente que quiere restablecer la rectoría del Estado sobre el mercado, y lo hace reduciendo el pluralismo característico de los últimos comicios: el de una democracia dividida en tercios, que ha dado lugar una vez y otra a gobiernos divididos, minoritarios en el Congreso.

En muchos sentidos puede decirse que esta elección esboza el principio de una nueva hegemonía política de México.

En el océano de incredulidad pública que era el ambiente político de nuestro país, López Obrador encontró otro océano, también enorme: el de las inmensas ganas de creer.

Ha convencido a millones de mexicanos que iniciará lo que llama la Cuarta Transformación de México, un cambio del tamaño de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

La desmesura de la comparación habla del tamaño de la esperanza a que su candidatura ha convocado. Y también del tamaño de la aventura que los electores mexicanos iniciaron ayer. Han hecho una gran apuesta sobre una gran promesa.

Diría para abreviar que ayer terminó la primera época de la democracia mexicana y dio principio la segunda. Y que ayer fue el día de la esperanza, de las ganas de creer.

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