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Si el gran José Alfredo viviera y fuera economista, diría convencido que hoy las estimaciones del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) ¡no valen nada!

Ya tiene tiempo que los pronósticos económicos son escopetazos que apuntan en todas direcciones, que se corrigen constantemente y que al final acaban por no dar en el blanco.

La novedad es que después de tanto revisar a la baja las expectativas de crecimiento para el 2016, al final los analistas fallaron porque fueron más pesimistas que la realidad.

Resulta que el Inegi reportó un crecimiento del PIB al cierre del año pasado de 2.3% y los pronósticos apuntaban a un promedio de 2.1 por ciento.

Hay que ver que el dato publicado es una primera lectura que puede modificarse en su revisión y dato definitivo a publicar hacia la segunda mitad de febrero, pero más allá de que alguien por ahí le haya atinado al dato de crecimiento, lo cierto es que los famosos imponderables pesan mucho más que cualquier estimación lógica o matemática.

Por ejemplo, si alguien tenía en la mente que para finales del año pasado se daría una mejora en la actividad industrial y un aumento de la confianza de los consumidores e inversionistas para mover más rápido al mercado interno, hay que ver que el resultado electoral en Estados Unidos echó a perder todos los pronósticos.

La suerte económica de México del 2016 ya estaba lo suficientemente clara para el día que llegaron las elecciones, pero aun así la actividad del último bimestre marcó muchos resultados económicos, como la inflación, el tipo de cambio, el nivel de tasas de interés y claro está, el crecimiento de la economía.

Este 2017 es posible guardar en un cajón los pronósticos económicos que se vayan publicando porque es un hecho que están rebasados por la subjetividad de un solo personaje.

El Banco de México dio a conocer el resultado de su primera encuesta entre expertos de este año y el único pronóstico que se cumplió con respecto a la consulta de diciembre es que el pesimismo se mantiene intacto.

La inflación, por ejemplo, pasó de una estimación promedio de crecimiento durante este año de 4.13% en diciembre a 5.24% en enero, básicamente por la subestimación del impacto del aumento de los precios de las gasolinas.

El crecimiento económico ya no lo esperan en 1.70%, ahora piensan en 1.60 por ciento. Sin embargo, este pronóstico ya tiene tan poca credibilidad como lo que estiman para el tipo de cambio, que es simplemente una moneda en el aire.

Y no porque sean malos los economistas que calculan esto, sino porque nadie sabe cuánto pesará el factor Trump. Nadie tiene idea de cuál será el siguiente tuit de Trump contra México, su siguiente orden ejecutiva.

Vamos, no es posible incorporar a las estimaciones si se renegociará o no el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, si habrá afectación a las remesas, algún gravamen dictado desde la Casa Blanca. Nadie sabe si ya nos soltó y se va a tranquilizar.

Y como nadie sabe de qué será capaz Donald Trump, no hay manera de hacer un solo cálculo económico válido para México. Es así de lamentable pero de contundente.