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La jefa de Gobierno Clara Brugada anunció que, con los impuestos de quienes los pagan, construirá y colocará en la CDMX estatuas de un tipo que pidió lanzar misiles atómicos para desaparecer a Cuba y EU, y de otro que dijo ser “una fría máquina de matar”.

Brugada instalará efigies del Che Guevara y de Fidel Castro, dos figuras icónicas para el régimen político que gobierna en México desde 2018, y que hasta el líder del “movimiento” nombró Ernesto a su hijo menor, en memoria de la “fría máquina de matar”.

Lo más seguro es que Brugada no tenga idea de quiénes fueron los personajes de sus estatuas, y apenas los conozca por las charlas trasnochadas (chispeantemente amenizadas) de la izquierda mexicana de café con leche. Clásico.

Pero en octubre de 1962, Castro le pidió al entonces líder soviético, Nikita Jruschov, disparar misiles atómicos sobre Estados Unidos para borrar del mapa ciudades clave como Miami, NY, Washington D.C. y Nueva Orleans.

Por disuasión política contra EU, la URSS instaló en el occidente de Cuba misiles nucleares R-12 (que volaban dos mil kilómetros) y R-14 (que volaban cuatro mil 500 kilómetros), y cuyo radio de acción cubría casi todo el territorio continental de EU.

Castro pidió a Jruschov: “No permita que EU sea el primero en lanzar un ataque nuclear; sea usted”. Aterrado, el ruso respondió: “Su propuesta es equivocada. EU sufriría enormes pérdidas y Cuba se quemaría en los fuegos de la guerra”.

Al no desaparecer Jruschov a EU, aun a costa del fin de Cuba, Castro se distanció de Moscú, hasta que la asfixia económica que sufrió después la isla lo obligó a reconciliarse en mayo de 1963, y visitó la URSS durante 40 días.

Y, sólo durante el año 1957, Guevara fusiló a 46 hombres en la Sierra Maestra. En su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria(1963), Guevara describe las ejecuciones como “el penoso deber de pacificar y moralizar”.

Muchos muertos en la conciencia. Por eso, en 1961 intentó suicidarse: una bala “le penetró por la mejilla izquierda, recorrió un pequeño tramo por dentro de la cara, atravesó el pabellón de la oreja y tropezó con el hueso mastoide”.

La versión oficial fue que se le escapó un tiro, cerca de la sien izquierda. Pero “no afectó arterias ni órganos ni mucho menos el cerebro”. Lo atendió, en el hospital provincial de Pinar del Río, el doctor Orlando Fernández Adán.

Uno de sus fusilados fue El Maestro, quien fue su única compañía cuando estaba enfermo de asma en la sierra. También mató a Arístidio, por vender un revólver. “Era necesario matarlos, no se puede permitir ni el asomo de una traición”, escribió.

Estas son las estatuas de Brugada.