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En cuestión de no más de 10 minutos, la mañana de este viernes 17, dos mundos se presentaron en mi trayecto por calles del municipio de Tlalnepantla, en el Estado de México: la amabilidad de un agente en motocicleta de tránsito y la voracidad de otro de la misma corporación para encontrar cualquier fallo y poder sacar tajada.

Circulaba en mi vehículo, bajo el amparo del Pase Turístico que permite transitar todos los días, durante 14 días (o 7 si se quiere) por el área metropolitana de la Ciudad de México.

Mis placas son de un vehículo híbrido de Tamaulipas.

El primer agente, en motocicleta, nos detuvo. Cordial, dijo que revisaría el pase turístico. Leyó el documento donde se establecen las modalidades y artículos que sustentan la autorización. Cotejó con la tarjeta de circulación, las placas y el engomado.

Terminó su revisión y sólo aconsejó que el engomado se pusiera al frente, en el parabrisas, y no en la parte trasera de la unidad.

Se despidió y todavía orientó que se puede obtener el holograma 0, exento, que dura 8 años, el cual se tramita en cualquier verificentro.

El motociclista siguió su camino. Y nosotros el nuestro.

Alrededor de 8 a 10 minutos después, en un alto en avenida Mario Colín, nos tocó -por infortunio- una patrulla tipo Jeep de Tránsito municipal, con dos agentes.

Voltearon a ver nuestro vehículo. Se hicieron un poco hacia adelante y luego hacia atrás.

Y luego el clásico: oríllese. Párese en la lateral, ordenó la pareja del conductor. Argumentó que no traía el engomado del hoy no circula.

Me detuve. Sin más pidió licencia y tarjeta de verificación.

Se le explicó que traía el pase turístico que no necesariamente debería ir pegado en el parabrisas, sino que bastaba traer el PDF en el celular.

El agente dijo que no, que no traía yo el pasé, que tampoco el engomado…

Y luego que la calcomanía de control vehicular no se veía.

Le dije: me acaban de parar unas calles atrás y me indicaron que todo estaba bien.

El policía de tránsito mostró dizque sorpresa.

El conductor de la patrulla mintió: es que el pase necesita venir sellado. La verdad es que se tramita por internet, sin costo ni ningún otro requisito.

Le comenté que tenía que llegar a una cita. Advirtió: entonces usted dígame cómo le puedo ayudar. Le dije que no traía efectivo.

Amenazó: entonces le doy su multa y le quito la placa que tendrá que recoger en Toluca.

¿Por qué, si son de Tlanepantla?, pregunté. Contestó que porque las placas de vehículos híbridos son federales.

Mil pesos, tazó.

No los traigo, sólo quinientos. Me urge seguir mi camino.

Minimizó: no, pues entonces, quito la placa.

Ante mi enojo, terminó diciendo: bueno, los quinientos.

Y me dejó ir.

He circulado con el Pase por Ciudad de México, Atizapán y Naucalpan sin ningún inconveniente.

En Tlalnepantla, la dualidad mostró sus caras: la amabilidad y orientación. Y el poner trabas a como dé lugar para obtener algo a cambio.

Venga, es el México Real, diría Joaquín López-Dóriga.