La última victoria de los mexicas


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Enrique Ortiz GarcíaTlahtoani Cuauhtemoc

Sabían que se enfrentaban a más de 600 europeos aliados a un contigente de más de 30 mil indígenas incluyendo los que voluntariamente se integraron a los recién llegados

Por Enrique Ortiz

los pusieron en filas y los llevaron uno a uno a la pirámide donde los iban a sacrificar: Fueron delante los españoles y en seguida van en pos de ellos todos los de los pueblos aliados de ellos…. Luego ensartaron en picas las cabezas de los españoles; también ensartaron las cabezas de los caballos. Pusieron estas abajo y sobre ellas las cabezas de los españoles.

Historia General de las cosas de la Nueva España, Bernardino de Sahagún.

 

Corría el 30 de junio de 1521, las ciudades de Tenochtitlán y Xaltilolco llevaban sitiadas 30 días desde que el primero de aquel mes se botaron los 12 bergantínes realizados por el carpintero Martín López. La población había sido sometida al hambre, a la sed debido a que una de las primeras acciones del ejército aliado comandado por Cortés había destruído los dos acueductos que llevaban agua potable a las ciudades, los que provenían de Chapultepec y Coyoacán. Los mexicas se prepararon para el sitio con meses de anticipación, realizando labores de avituallamiento de alimentos, colocando largas y filosas estacas en el fondo del lago de Tezcuco para inmovilizar a las embarcaciones europeas y cerrando la calzada de Ixtapalapa con un gran muro de adobes, actualmente la avenida Tlalpan a la altura de San Antonio Abad. Sabían que se enfrentaban a más de 600 europeos aliados a un contingente de más de 30 mil indígenas, incluyendo los que voluntariamente se integraron a los recién llegados como los tlaxcaltecas, otomíes y chalcas, y los que no tuvieron otra opción por ser castigados y derrotados como los tepanecas de Tlacopan, actual Tacuba, o los acolhuas de Tezcuco, que inmersos dentro de una guerra civil interna tuvieron que seguir las indicaciones del hombre que estaba enfrente del poder. En este caso se trataba de Ixtlilxóchitl, nieto de Nezahualcóyotl, quien para hacerse con el poder no dudó en aliarse con Cortés. Otro factor que hacía cada vez más difícil la defensa era la enfermedad traída por los europeos que ya se había llevado a uno de sus gobernantes, Cuitláhuac. Hablamos de la mortífera viruela.

Recreación de Tenochtilán y Tlatelolco de Thomas Filsinger

A pesar de la situación, los mexicas seguían demostrando una gran resistencia ya que cada noche los guerreros, mujeres, ancianos y jóvenes retiraban los escombros de los ojos de agua que la mañana anterior habían rellenado los indígenas aliados del ejército de Cortés para permitir el paso de los caballos y de las piezas de artillería, así como permitir retiradas rápidas al ejército sitiador. Las duras lecciones de las instituciones educativas de Tenochtitlán, el Calmecac y el Telpochcalli brindaban sus frutos en la desesperada resistencia brindada por la población de las ciudades isla.

Aquel 30 de junio Tenochtitlán había sido evacuada por el líder de la resistencia mexica, Cuauhtémoc, quien había establecido su cuartel de mando en el barrio de Yacacolco, donde ahora se levanta el templo de Santa Anita, actualmente en el barrio de Peralvillo, parte de la antigua ciudad de Tlatelolco. La antigua capital mexica había sido destruída en gran medida debido a que las incursiones aliadas ya habían llegado en repetidas ocasiones a su recinto ceremonial, el cual yacía en ruinas. Gracias a que el abuelo materno de Cuauhtémoc había sido el ultimo Huey Tlahtoani de Tlatelolco, logró convencer a su población de unirse a la lucha en contra de las huestes de Cortés. Por esa razón se había establecido dentro de los márgenes de la antigua ciudad que siempre había destacado por su intensa actividad comercial y su imponente mercado.

Parroquia de Santa Ana Atenantitech, Peralvillo. Foto de Wikipedia

Ese día, 30 de junio de 1520, Cortés consultó con sus capitanes si convenía realizar una ofensiva coordinada para tomar el mercado de Tlatelolco y su recinto ceremonial para poder diezmar seriamente la resistencia mexica.  A pesar del buen ánimo que mostraron sus capitanes Alvarado, Olid, Sandoval y en especial el tesorero real Julián de Alderete, quien después de la caída de Tenochtitlán ordenaría la tortura de Cuauhtémoc, a Cortés no le seducía dicho plan debido a que si los castellanos no tomaban el gran mercado podrían verse rodeados, así como por el desconocimiento que se tenía de la sinuosa traza urbana de Tlaltelolco, cuyas avenidas eran más angostas, con más acequias que las de la conocida Tenochtitlán. Finalmente, Alderete tomó la decisión que se realizaría un ataque que procedería desde la calzada de Ixtapalapa y después de llegar al recinto ceremonial de Tenochtitlán se dividiría en 3 columnas comandadas por Alderete, Andrés de Tapia y Jorge de Alvarado. En esta última columna iría el propio Cortés supervisando el avance en conjunto.

Fray Bartolomé de Olmedo dio misa en el fuerte de Xoloc, los bergantines se tripularon y emprendieron el avance acompañados de cientos de canoas tripuladas de indígenas aliados. La columna donde iba Cortés capturó dos nuevos puentes y dos barricadas al norte de la capital mexica para adentrarse a Tlaltelolco. El extremeño y sus capitanes no conocían bien esas calles y acequías, así que fueron avanzado mediante exploradores “a tientas”. Cortés, viendo como el ataque mexica cobraba fuerza, regresó a revisar que las acequías estuviera rellenas de escombro o en su defecto puentes. Cual fue su sorpresa al darse cuenta que un ojo de agua que atravesaba un profundo canal  no había sido rellenada en su totalidad o había sido abierta nuevamente por los mexicas. Se trataba del canal que dividía a ambas ciudades y que tenía una  extensión de  doce pasos y una profundidad de dos metros y medio. Los soldados castellanos al darse cuenta de la situación empezaron a retirarse en desorden, momento en el cual empezó la masacre. Los mexicas, al darse cuenta de lo que sucedía, llamaron a más hombres al ataque, aumentando la presión sobre los castellanos y sus aliados, quienes se echaban al agua tratando de escapar nadando.

Los combates. Lienzo de Tlaxcala

Durante las acciones, el mismo Cortés fue derribado y sujetado con fuerza por los propios guerreros mexicas con el fin de ser sacrificado. La acción oportuna de Cristobal de Olea, quien cortó las manos de uno de sus captores, le permitió al capitán escapar; sin embargo, el joven espadachín de Medina del Campo perdió la vida durante la acción. Entre los mexicas destacó un guerrero de la sociedad guerrera otomí llamado Ecatzin procedente de Tlatelolco, a quien se le vio lanzando grandes piedras sobre los españoles, así como usando el lanzadardos y la honda. Poco a poco, los remanentes del ejército aliado fueron escapando a nado, o dando grandes rodeos, o utilizando los cadáveres de sus compañeros para atravesar la amplia acequía. Se calcula que esa tarde murieron o fueron capturados entre 20 y 50 europeos, así como dos mil aliados indígenas. Durante toda la noche los castellanos, quienes se fortificaron en Xoloc, escucharon los atabales que acompañaban los gritos de sus compañeros cuando eran sacrificados. Después de la victoria los indígenas aliados desaparecieron, quedando solamente el acolhua Ixtlilxóchitl con un puñado de guerreros, un jefe de Huexotzinco con cuarenta hombres y los siempre fieles tlaxcaltecas. Todos se habían esfumado. Durante cuatro días los conquistadores permanecieron sin actividad, curando sus heridas y esperando la reacción de los aliados indígenas. Durante este tiempo los mexicas tampoco tomaron la ofensiva. La pregunta sería ¿por qué? Posiblemente ya estaban demasiado debilitados y sus fuerzas muy menguadas para realizar un ataque directo contra los castellanos. Sea como fuere, pasaron las jornadas y poco a poco las labores diplomáticas de Cortés volvieron a rendir fruto cuando los aliados fueron reincorporándose al sitio. Cuarenta y cuatro días después de este importante hecho de armas el sitio de Tenochtitlán terminaba con la captura Cuauhtémoc, quien no superaba los 25 años de vida, por la tripulación del bergantín de García de Holguín. El quinto sol se eclipsaba ante la irrupción tempestuosa de los hombres blancos y barbados que llegaron por el oriente.

Enrique Ortiz García es un amante de la historia y cultura de México. Desde hace más de ocho años se ha dado la oportunidad de romper algunos de los mitos históricos de nuestro país develando verdades y dándolas a conocer a través de sus redes sociales que ya suman más de 200 mil seguidores. Conferencista, divulgador y cronista, ha colaborado en distintos espacios, entre los cuales destacan Ciudad TV, Unicable, El Foco de ADN 40, así como en varios sitios digitales como Proyecto 10, BuzzFeed y Huffington Post México. Cree firmemente que la historia debe ser tangible y cercana a la gente sin términos rebuscados o personajes acartonados. Su objetivo es reivindicar los valores que nos legaron las culturas originarias de estas tierras, así como los héroes que nos dieron patria. Finalmente, escribe un libro y  disfruta dar visitas guiadas los fines de semana por las calles del centro histórico de la Ciudad de México, espacios conventuales y en zonas arqueológicas.