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En su famoso “estudio fantasma” sobre la Constitución de 17, que José Antonio Aguilar Rivera ha descubierto casi 100 años después de escrito, Emilio Rabasa anticipó los efectos perversos que el artículo 27 tendría sobre los derechos de propiedad de México.

La crítica de Rabasa a las consecuencias no buscadas del 27 constitucional es tan penetrante como su lectura de los efectos políticos perversos de la Constitución de 1857.

Salvo que en el caso de la Constitución de 57, nos recuerda José Antonio Aguilar Rivera, Rabasa hablaba como historiador, y en su crítica al artículo 27 habló como profeta, pues lo escribió poco después de promulgado, antes de que fueran evidentes sus efectos.

Como escribí ayer, los constituyentes de 57 diseñaron un Poder Ejecutivo débil, para que no oprimiera a la nación. Crearon con ello los alicientes políticos para que el Ejecutivo se saltara la Constitución y acabara estableciendo la dictadura.

Una paradoja de similar tamaño registran las observaciones de Rabasa sobre el artículo 27. Queriendo establecer una garantía colectiva para la buena y justa distribución de la propiedad, los constituyentes de 17 establecieron un régimen arbitrario de decisiones sobre ella.

El ejercicio político de este régimen arbitrario es el responsable del jeroglífico que es el de la propiedad en México: por sus límites absurdos, por su diversidad delirante, por su incertidumbre latente y por la falta de garantías esenciales que se otorgan para su ejercicio y dominio.

Concluye Rabasa, radical y polémicamente:

“La nueva Constitución mexicana no podía ser protectora de los derechos individuales, porque su espíritu es anticapitalista y antiextranjerista… Y esto se impone en la constitución de un pueblo que no es ni anticapitalista ni antiextranjerista, por medio de una presión encaminada a forzar el Estado social… que acabará por admitir y proclamar que todo es de todos y que los extranjeros son enemigos naturales como vampiros de la Nación” .[1]

El que más y el que menos todos los mexicanos del siglo XX bebimos del brebaje que describe Rabasa y muchos, quizá una mayoría, no han acabado de digerirlo.

Para que luego digan que nadie obedece la Constitución.

[1] Emilio Rabasa: “Contra el artículo 27 constitucional”, Nexos, enero 2016. http://www.nexos.com.mx/?p=27243 

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