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No hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo resista, dice el refrán. Y todo parece indicar que estamos frente al fin de una era.

La otrora poderosísima Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación vive una encrucijada, en sus 47 años de vida.

La CNTE surgió en 1979, como una escisión del SNTE, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, por la necesidad de democratizarlo pues, como muchos sindicatos de este país, estaba al servicio del gobierno en turno.

Era un sindicato “charro”, pues.

Durante casi medio siglo, la CNTE fue un contrapeso del SNTE, hasta rebasarlo y convertirse en el factor de poder que ha sido durante años, principalmente por sus tácticas de lucha, que apuestan al desgaste y que han recurrido a la violencia, sin medir consecuencias.

Para conseguir su propósito han estirado la liga hasta límites inimaginables.

Y así lo hicieron este año que, además, les beneficiaba especialmente por la realización en México del Campeonato Mundial de Futbol.

Uno de sus líderes llegó a decir que una coyuntura así no se repetiría nunca en la vida y que por eso deberían aprovecharla para lograr lo que nunca habían conseguido del Gobierno.

Pero se les pasó la mano. Y, como todo tirano, que cree que el poder le durará siempre, se excedió hasta perder.

No midió la fuerza del espectáculo más popular que hay en el mundo ni el hartazgo de la sociedad mexicana, particularmente la de la Ciudad de México, ante sus excesos, sus tácticas violentas y su intransigencia ante un gobierno que parecía estar dispuesto a concederles todo menos lo imposible.

Que un sindicato luche por conseguir mejorar las condiciones de vida de sus agremiados, es perfectamente entendible. Es su razón de ser. Pero llegar al extremo de la extravagancia y la insensatez, les está saliendo carísimo.

Sí, el gobierno federal hizo lo suyo, pero el gran mérito fue de la gente que salió a la calles y plazas públicas a ver jugar a su selección nacional de futbol y luego a festejar su triunfo.

En el estadio fue una experiencia inenarrable.

Por décadas he vivido ahí momentos de gloria y tristeza, también, cuando ha habido derrotas, pero nada se compara con el arranque de este Mundial.

Lejos están los tiempos en que un imbécil calificó a los jugadores como los “ratoncitos verdes”. Hoy tenemos un equipo fuerte y con personalidad que ojalá nos siga dando alegrías, como la del jueves.

Y mientras, que la CNTE, reflexione y corrija el rumbo, si quiere y puede.

Por lo pronto, todo indica que ahora se quedará como el perro de las dos tortas, pues en una apuesta magistral, el gobierno de la presidentA Sheinbaum realizará una consulta en agosto con los propios maestros, escuela por escuela, para conocer sus necesidades y peticiones, y ya no a través de la dirigencia de la CNTE a la que, en los hechos, marginará.

Como todo apostador que va ganando, la dirigencia de la CNTE debió retirarse a tiempo. Hoy prácticamente han dejado de ser inviables.

Lo dijo la presidenta: “dicen en la Mesa una cosa y luego hacen otra cosa afuera”.

Varias noches, fuentes confiables nos decían “aceptaron irse en las próximas horas” y no lo cumplían. La última vez, alguien habitualmente prudente y mesurado me confió: “son unos culeros”.

Pues que con su pan se lo coman.

Y unos y otros deben recordar que cuando el pueblo se harta, no hay quien lo pare.

Aún estarían a tiempo, en el caso del gobierno, de amputar lo gangrenado.

Si acaso quieren sobrevivir ante lo inocultable.

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