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México lleva camino de incorporarse a lo que parece ya una oleada de cambio mundial, una nueva era nacionalista, globalifóbica, antisistema, antiliberal.

El cambio mexicano se alimenta de los pobres resultados de su democracia, el pobre desempeño de su economía y de la incandescente irritación pública contra una clase política cuya corrupción corre pareja con su insensibilidad a los agravios que siembra.

La revuelta mexicana no tiene los tintes racistas, antimigratorios, de la oleada mundial. Tampoco está montada en sentimientos xenófobos, el ascenso de una derecha religiosa intolerante y activa o de una izquierda delirante, digamos castrochavista.

Los revulsivos de la oleada mexicana son la corrupción, la impunidad y el hartazgo antisistema: rechazo a los gobiernos, a los partidos, a las instituciones y sus frutos.

No aparece aún la queja del edén perdido, y la promesa de recuperarlo, como en el discurso de Trump sobre la grandeza de Estados Unidos.

Por lo pronto, la tentación mexicana solo es dar un salto fuera de las reglas del juego, probar una promesa de cambio antisistema. Hasta hoy, esa promesa se oye nada más en la voz de los candidatos independientes y en el campo de Morena, con López Obrador.

La temperatura mexicana repite en esto la mundial. Los independientes quieren poner fin a la partidocracia y López Obrador quiere acabar con la “mafia en el poder”, igual que Trump quiere “drenar el pantano de Washington”.

Hasta ahí, por lo pronto. El maltrato de Trump podría añadir a la fórmula una veta potente de nacionalismo en millones de mexicanos afectados acá por la afectación de los millones que viven allá.

La invocación de la grandeza perdida y la promesa de su restauración no es todavía una pieza clara de la revuelta mexicana.

Se perfila con toques religiosos en el discurso de López Obrador, quien dice buscar para los mexicanos el “bienestar del alma”, el “bien de la patria y la felicidad del pueblo”, “construir aquí en la tierra el reino de la justicia y de la fraternidad”.

Ha dicho esto en sus 50 lineamientos para un proyecto alternativo de nación. Volveré sobre ellos el lunes.

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