Minuto a Minuto

Internacional Perú: una elección abierta, fragmentada y peligrosamente incierta
Perú llega así al tramo final de la campaña sin un favorito indiscutido, con diferencias mínimas entre los principales contendientes y con una probabilidad casi segura de una segunda vuelta presidencial tan disputada como frágil
Nacional Transportistas y agricultores confirman paro nacional este 6 de abril, ¿qué vías bloquearán?
Transportistas y agricultores advierten que el paro nacional será por tiempo indefinido, con bloqueos en 20 estados
Internacional Ovacionan al rey Juan Carlos en la corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla
El rey Juan Carlos asistió a la tradicional corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla, acompañado por la infanta Elena
Internacional Reportan disparos cerca de la Casa Blanca; Servicio Secreto abre investigación
Tras el reporte de disparos, las operaciones de la Casa Blanca se mantienen con normalidad, si bien se reforzó la seguridad
Internacional “No gana la mentira”: Maduro envía mensaje con motivo del Domingo de Resurrección
Nicolás Maduro pidió a Jesucristo que bendiga a Venezuela y a los pueblos del mundo y los llene de fe, de amor y de esperanza

Se discute esta semana en el Senado una reforma constitucional que alteraría profundamente la lógica democrática y los tiempos electorales del país.

Me refiero a la revocación de mandato, que se presenta en la misma iniciativa junto con la figura de la consulta popular, como si fueran parte del mismo árbol.

Poco o nada tienen que ver en un sentido profundo ambas figuras. La consulta popular es un instrumento plebiscitario en el que los votantes deciden Sí o No sobre las materias más diversas.

Quedan excluidas de su cobertura las cuestiones fundamentales del régimen político: los derechos humanos, los tratados internacionales, los impuestos, el presupuesto y la seguridad nacional.

La revocación de mandato toca solo un aspecto, pero un aspecto fundamental del régimen democrático: la naturaleza misma del mandato de quien ha sido electo como gobernante por los ciudadanos.

La iniciativa en cuestión establece una especie de segunda elección para el gobernante electo, cuyo tiempo de mandato original, seis años, podría ser anulado, revocado, a mitad del camino, en las elecciones intermedias del tercer año.

La posibilidad de revocar el mandato a la mitad del camino le quita la mitad del valor a la elección primera, puesto que todo mandatario electo por seis años entra al cargo bajo la sombra de su posible remoción tres años después.

Ser electo por seis años solo le garantiza un gobierno de tres, pues la revocación de mandato lo obliga a prepararse para comparecer ante el electorado tres años después y refrendar la validez de su cargo.

La semilla de incertidumbre y legitimidad disminuida que siembra apenas puede exagerarse.

Se presenta como una humilde subordinación a la voluntad de los votantes (“el pueblo pone, el pueblo quita”), pero en realidad abre una puerta a la lucha sin tregua por el poder.

Si la figura se ejerce desde y por una presidencia poderosa como la de López Obrador, parece innecesaria, redundante o maliciosa, como les parece a muchos: un paso intermedio a la reelección.

Si la figura se ejerce contra una presidencia débil, es un recurso de la oposición para quitar y poner presidentes a su antojo, en medio de una continua crispación electoral y una continua inestabilidad de los gobiernos.