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Rara vez usa apuntes, algunas tarjetas o algún apoyo digital para apuntalar las cifras que frecuentemente da a conocer durante sus conferencias de prensa matutinas.

Habitualmente, el presidente Andrés Manuel López Obrador responde a algún cuestionamiento estadístico de memoria o, de plano, desde lo más profundo de sus deseos y convicciones.

Cuando quiere dar a conocer datos concretos, hace desfilar hasta el atril con el escudo nacional, ese que antes se reservaba sólo para el presidente, a diversos funcionarios públicos.

La rutina es por todos conocida, el presidente se pone justo detrás del personaje en cuestión, y mientras su subordinado da cuenta de su tema el presidente le mira fijamente a la nuca, como supervisando cada palabra que desde ahí se diga.

Pero cuando toca directamente al jefe del Ejecutivo responder algún cuestionamiento que involucre números, no es raro que recurra a ésos, sus otros datos.

Por ejemplo, las cifras del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB). El presidente tiene otros datos que lo llevan a asegurar que la economía mexicana va en camino a crecer 4% este año, cuando todos los pronósticos, hasta los de la propia Secretaría de Hacienda, rondan 1.5% para el 2019.

Es más, el Inegi corroboró el viernes las cifras del comportamiento del PIB al cierre del primer trimestre de este año, y dejó firme el dato preliminar de una caída económica de 0.2% entre enero y marzo, lo que además se agrava con el dato del Indicador Global de la Actividad Económica de marzo, que aceleró su caída a 0.6 por ciento.

En este caso, el presidente hace hasta apuestas porque realmente desearía poder cumplir con sus promesas de campaña. El deseo gana a la precisión.

Pero hay otras cifras en las que el presidente no se apoya en algún asesor para darlas a conocer, y queda la duda de la fuente de sus otros datos.

Apenas la semana pasada, el presidente pareció hacer un acto de contrición y reveló que se había guardado el dato, por razones estratégicas, del monto de reservas de gasolinas durante los días que decidió cortar el suministro de gasolinas a una parte importante del país.

Dijo que en esos días críticos México sólo tuvo gasolinas para ¡una semana! De inmediato agregó que hoy este país tiene reservas de gasolinas para 20 días.

Así, mientras sus seguidores aplaudían el acto de honestidad presidencial, por la revelación sin solicitud de transparencia de por medio, los expertos levantaban la ceja ante tales datos.

Resulta que hasta hace apenas cinco meses este país tenía la capacidad de reservar gasolinas sólo para dos o máximo tres días. Y no era por ganas de no llenar los tanques de almacenamiento, era simplemente que no los había.

Así que, si hoy existen reservas para 20 días, significa que Pemex en cinco meses de la 4T multiplicó por 10 sus enormes tanques de almacenaje.

Datos de la Agencia Internacional de Energía confirman que México tiene dos días de margen en gasolinas. Y los analistas aseguran que este riesgo de seguridad nacional se debe a que la reforma energética de Peña Nieto entregó a particulares esa tarea y simplemente no la hicieron.

Así que, como diría aquel, pero qué necesidad. El presidente debe tener conocimiento de esto y hasta podría sacar ventaja política de la omisión del gobierno anterior.

Sólo que hay un detalle. Si el presidente asumiera este peligro a la seguridad nacional de no tener reservas suficientes, tendría que explicar por qué no invertir en almacenaje en lugar de la caprichosa refinería de Dos Bocas, quizá por la multiplicación de los litros en la mañanera.

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