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A propósito de mi columna de ayer sobre la caída en matemáticas y lectura en las escuelas de Estados Unidos durante la pandemia, consulté a la editora del blog de educación de la revista Nexos, Alma Maldonado, sobre lo que pasa en México.

Me dijo estas cosas: Con la eliminación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) hecha por este gobierno, desaparecieron en México las pruebas estandarizadas —iguales para todos los alumnos y todas las escuelas— sobre los avances o retrocesos educativos. México dejó de participar también en las evaluaciones educativas de la Unesco y en las de la OCDE. Al parecer, sólo seguimos en Pisa.

El gobierno anunció este año la creación de una Comisión Nacional de Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), que supuestamente suple al INEE, pero no es autónoma.

Sus pruebas las aplican los mismos maestros, se evalúan a sí mismos, aunque habrá una parte de la prueba controlada con una muestra independiente. “Hay que esperar los resultados de esas pruebas diagnósticas”, dice Maldonado “y las de Pisa, obviamente.

Pero, fuera de eso, no tenemos nada ahorita equivalente a las pruebas estandarizadas en EU o en otros países. Una tragedia”.

Maldonado me compartió una gráfica que compara las semanas de interrupción total de clases presenciales en distintos países durante la pandemia.

México es el campeón absoluto: 48 semanas sin clases. Le siguen Brasil, con 26 semanas, Estados Unidos con 23, Sudáfrica con 22, Polonia con 20. Luego vienen Italia: 15. Rusia: 14. España: 12. Japón: 11. Luego, Alemania, Holanda e Inglaterra: 10. Bélgica, Australia y República Checa: 9. Suiza y Dinamarca: 8. Noruega y China: sólo 7 semanas de clases presenciales perdidas durante la pandemia.

Estas cifras abren la pregunta sobre el tamaño de la pérdida educativa mexicana durante la pandemia.

La pérdida de Estados Unidos, ya medida, es con la mitad de las semanas de clases suspendidas que tuvo México. Y con una inversión educativa durante la pandemia de 123 mil millones de dólares (https://nyti.ms/3gqiKJR).

México ha renunciado a los instrumentos que tenía para medir su educación. Es la renuncia al conocimiento más grave del que podemos dar noticia.