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Los diputados deberían estrenar su facultad de ratificar al secretario de Hacienda con la aprobación por aclamación de Carlos Urzúa Macías. Y si en este proceso notan algún titubeo por parte del nominado, deberían insistirle en que no se eche para atrás.

Urzúa ha sido secretario de Hacienda de facto desde hace varios meses, porque se hace cargo de una materia que necesitaba una transición con mucha información. A lo largo de todo este tiempo, ha sido testigo de cómo se ha deteriorado el entorno financiero, al tiempo que tiene la presión de tener que presentar la próxima semana un Paquete Económico que alcance para todas las promesas presidenciales, sin alterar la estabilidad macroeconómica.

Cuando entró por primera vez a la que será su oficina en Palacio Nacional, tras el triunfo electoral de López Obrador, había un ambiente de optimismo tras el impecable proceso electoral, por lo tersa que se veía la transición y por las buenas expectativas de un acuerdo comercial en vías de cerrarse entre México, Estados Unidos y Canadá.

En ese escenario positivo, empezó la elaboración de los criterios económicos que dan la base para calcular cuánto se ingresa y cuánto se gasta. Dólares a 18.50, tasas en 7.5%, riesgo país bajo, en fin. Un buen inicio.

Pero vino el episodio del aeropuerto y su cancelación y todo empezó a cambiar, sobre todo en ese factor intangible de la confianza.

El entorno externo es complejo, Trump y China, el petróleo y la OPEP, la Reserva Federal y el crecimiento económico de Estados Unidos, en fin. Hay tantos factores que no se pueden controlar allá afuera que resulta suicida empeorar el panorama económico-financiero desde dentro. Pero está hecho.

Ahora, lo que sigue es que el Paquete Económico del 2019 cuadre con las promesas. De un lado, de responsabilidad fiscal, de no más endeudamiento, no más impuestos, no gastar más de lo que se ingresa. Y del otro lado, de aumentar de forma significativa el gasto público, lo mismo en inversión en infraestructura que en gasto social, pasando por la osada promesa de bajar impuestos en la frontera.

Sin más ingresos, con disciplina macroeconómica y tal lista de gastos del presidente, lo único que queda por hacer es una enorme reasignación del gasto. Ésta será la clave del presupuesto de egresos, no hay otro camino.

Si se cumplen las promesas, la sorpresa de la próxima semana debería ser un Paquete Económico que rediseña por completo el gasto corriente. Debemos estar en la antesala del mayor recorte a la estructura de gobierno quizá en la historia. Con todo y desaparición de bloques completos de la burocracia y la reducción a niveles cercanos a la desaparición de una larga lista de organismos públicos de todas las áreas.

Se anticipa un pleito presupuestal sin precedentes, lo mismo con estados y municipios que con organismos descentralizados, desconcentrados y autónomos que verán reducciones impactantes. Un pleito perdido ante una mayoría contundente y obediente.

Sólo los diputados que solitos proponen, discuten y aprueban su presupuesto podrán seguir gozando de esos aguinaldazos que se dan. Pero los demás están por conocer lo que significa la austeridad de la cuarta transformación.

Ante la realidad de que no habrán encontrado en ningún cajón los 500,000 millones de pesos de ahorros en corrupción que imaginaba el presidente, sólo con esta reasignación histórica se podrá cumplir, de una manera financieramente sana, con la larga lista de promesas de gasto.