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Lo que la presidenta Sheinbaum quiere que piense la gente es de una simpleza increíble. Mejor dicho, de una astuta simplicidad.

Sostiene que el país es democrático porque hay unos críticos que pueden decir lo que quieran. Suena bien, pero la democracia y la libertad son asuntos mucho más complicados que eso.

La Presidenta lo sabe, pero su estrategia discursiva es simplificar. Nada más democrático que votar, dice. Por tanto, la elección judicial es lo más democrático que puede haber.

Nadie sabe tan bien como ella y su partido cómo fabricar, comprar, manipular elecciones.

Lo han demostrado en los hechos y lo han llevado a un nivel delirante con la elección judicial, donde nadie sabe cómo votar, y la gente votará con acordeones que les da el gobierno para inducir su voto.

El meollo de la elección judicial no está en lo que se opina sobre ella desde fuera, sino dentro de ella, en su diseño, y en su cínica operación tras bambalinas.

De nada sirve que haya opiniones libres sobre la elección. Por diseño, no es ni puede ser una elección democrática comprensible para el ciudadano común en sus procedimientos y en sus consecuencias.

Solo los especialistas entienden el proceso y las consecuencias de la elección judicial. Y hay sólo dos tipos de especialistas: los que diseñaron la elección para el gobierno y los que la critican desde fuera del gobierno.

Los dos saben que estas elecciones no son para ampliar la democracia mexicana, ni para acabar con la corrupción, sino para que el gobierno se quede con el Poder Judicial.

Para que se consume la concentración en el Ejecutivo del mando sobre los tres Poderes de la Unión. Políticamente hablando, esto equivale a constitucionalizar la implantación de una dictadura, asunto que va mucho más allá de los críticos.

Para cambiar lo que hoy sucede en México, para cambiar la Constitución que nos conduce a la dictadura, habría que tener una mayoría de dos tercios en el Congreso y regresar a una Constitución democrática.

No lo veré.

Claudia Sheinbaum preside ya una dictadura constitucional. No sé si ha pensado bien que ese es el poder que heredará a quien la suceda.