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El titular de la SEP, Mario Delgado, destacó que, con esta determinación, la medida se mantiene vigente en todas las escuelas del Sistema Educativo Nacional (SEN), desde educación inicial hasta el nivel superior
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El gobierno de Veracruz fortalece la agricultura y ganadería con maquinaria gratuita, centros lecheros y sanidad animal para respaldar la soberanía alimentaria
Internacional Demuelen casa ligada a Pablo Escobar; era utilizada para consumo de estupefacientes y “satanismo”
La casa de Pablo Escobar estuvo durante años abandonada y se convirtió en foco de problemas de seguridad y convivencia
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Estudiantes y profesores se concentraron cerca de Cornell vestidos de rojo para homenajear a la víctima, identificada como Jane Doe
Nacional Líder del CDN, uno de los señalados por el Departamento del Tesoro
“Takia” fue señalado como uno de los líderes involucrados en una operación para acribillar en 2017 a cuatro funcionarios de la entonces Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas que se rehusaron a recibir sobornos

Nadie puede alegar en contra de que estados y municipios reciban cada vez más recursos de la Federación, especialmente si los rige, desde 1978, un pacto de coordinación fiscal mediante el cual los estados cedieron a la Federación casi todas sus facultades de cobrar impuestos.

Aquel pacto buscaba modernizar una estructura fiscal arcaica, bajo la idea de que la Federación repartiría con mayor equidad llevando a los estados pobres algo de lo extraído de los ricos.

Estados y municipios dejaron de cobrar impuestos. A la fecha, su porcentaje de ingresos propios es solo de 16 por ciento.

En 1997, el mismo año en que el PRI perdió la mayoría en el Congreso, el reparto de recursos federales a los estados empezó a crecer. Pasó de 20 a 35 por ciento del presupuesto entre 1997 y 2001.

En esos porcentajes se mantiene hasta ahora, solo que de entonces a la fecha las cantidades brutas transferidas han crecido 100 por ciento en términos reales. (Luis Carlos Ugalde: “La democracia multiplicó la corrupción”, nexos.com).

Es un hecho que la democracia descentralizó el gasto y enriqueció a las haciendas estatales.

El mecanismo que convirtió esta abundancia en una invitación a la parranda presupuestaria fue la soberanía estatal. En ejercicio constitucional de esa soberanía, la vigilancia y la autorización del gasto de los estados y los municipios corresponde a los congresos locales. Una vigilancia directa de la Federación violaría la letra del pacto federal, para no hablar de la afrenta política centralista que implicaría esa tutela monetaria a la soberanía de los estados.

La impecable lógica federalista ha tenido el más  torcido, el menos impecable, de los efectos. Los congresos locales dejaron de ser los vigilantes y se convirtieron en los cómplices del ejercicio presupuestal de sus gobiernos. Los gobernadores metieron a la bolsa federal a sus legisladores y a su oposición, a su comunidad empresarial y a los medios locales y, con el apoyo de todos, pudieron ejercer esos recursos a su arbitrio.