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Vistas todas las diferencias que hubo entre el presidente López Obrador y su renunciante secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, creo que la renuncia de éste es una pérdida para todo mundo, para Urzúa, para el Presidente, para su gobierno y para el país en general.

Si el Presidente hubiera actuado en sintonía con su secretario de Hacienda, su posición pública sería mejor de lo que es.

El nuevo aeropuerto estaría construyéndose y no habría sido la piedra enorme que es en el camino a la confianza de inversionistas y mercados.

A partir de eso el manejo de la economía habría sido menos conflictiva, y la confianza y la colaboración de los inversionistas con el gobierno habrían sido más fluidas y verdaderas.

El foco de la inversión pública no se habría puesto en proyectos largos, costosos y de dudosa viabilidad, como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, sino que se habría concentrado en el canal transítsmico y en la exploración y explotación de petróleo crudo.

Si esto último hubiera sido desde el principio el centro del plan de negocios de Pemex, probablemente la deuda de la paraestatal no habría sido castigada por las calificadoras y la posición crediticia de México en general y de Pemex en particular sería más sólida.

La Comisión Federal de Electricidad no estaría cancelando inversiones multimillonarias en gasoductos ni poniendo en riesgo el abasto energético de la República.

El país tendría un plan nacional de desarrollo con cifras y metas medibles.

Todo esto junto probablemente habría dado como resultado mejores perspectivas de crecimiento y mayor certidumbre fiscal para lo que verdaderamente le importa al Presidente, que son los programas sociales.

La posición de Urzúa de cobrar más impuestos hubiera sido un bocado duro de tragar, pero al final se habría hecho en un entorno de una buena política económica y habría puesto al gobierno en mejor posición para combatir la desigualdad y la pobreza.

Si todo esto hubiera sucedido, por último, no habría tenido el gobierno una renuncia tan cara políticamente como ha resultado ser la del, por desgracia,  efímero secretario  de Hacienda.

Gran pérdida la de Urzúa.

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