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Cada vez que el expresidente Andrés Manuel López Obrador levantaba la mano del gobernador en funciones Cuitláhuac García Jiménez, era una cachetada para los veracruzanos. La exaltación de una personalidad que no ganó las elecciones por méritos propios y que nunca supo justificar ese apoyo popular, era un insulto al estado.

La admiración que el pueblo veracruzano sentía por el presidente López Obrador en cada visita era mostrada, claramente, en la prudencia, el grito reprimido, la protesta ahogada en la garganta, que se manifestaba cada vez que expresaba méritos inexistentes en el trabajo del exmandatario estatal. Cuitláhuac ganó por sus antecedentes sociales, pero no por sus logros personales. El primero de esos factores determinantes fue la ola electoral en favor del presidente, porque era un desconocido y bastó competir por Morena y bajo la sombra del factor López Obrador para ganar.

Cuitláhuac inició su mandato al mismo tiempo, el mismo día que López Obrador, tenía elementos a su favor que se desvanecieron a lo largo de seis años, hasta quedarse desprovisto de cualquier cualidad política. Sus padres luchadores sociales, maestros rurales muy respetados en las regiones más politizadas del estado, personas de izquierda de toda la vida. Su relación con el ingeniero Heberto Castillo, sus amigos, luchadores sociales, formaron una imagen falsa de quien nunca correspondió a dichos favores que la historia le otorgó.

Lo lamentable es que esa inexplicable situación que sentía López Obrador por Cuitláhuac García, la haya heredado la presidenta, quien caminaba por el sexenio sin tropiezos ni errores, pero ante la inevitable presencia del exgobernador veracruzano, las alabanzas injustificadas siguen expresándose públicamente sin que haya veracruzano que diga sentirse agredido ante tal exaltación. Guardan silencio ante respeto que se ha ganado a pulso la presidenta por su intensa labor en este corto lapso y haber fortalecido la esperanza en todos los mexicanos.

La trayectoria de Claudia Sheinbaum es impoluta, sus decisiones acertadas y el respeto que se ha ganado en dos meses y medio son logros alcanzados con trabajo; sin embargo, los veracruzanos vemos con terror que se siga magnificando una figura que ni siquiera fue de ornato sino de complicidad con familiares, amigos y hasta con enemigos.

Desde luego la tarea de la presidenta no se verá afectada por hablar bien de alguien que no lo merece, pero sí lastima la sensibilidad de los veracruzanos.

Durante seis años el pueblo respetó al iniciador de este movimiento de transformación del país, nos merece el mismo respeto la presidenta, solo que tanto halago injustificado a quien castigó a los veracruzanos nos hiere de manera que ya no podemos seguir callados.

Sabemos que para demostrar lealtad al líder moral del movimiento no se escatiman oportunidades ni espacios, pero cuando esa prueba de coherencia contiene daños colaterales es necesario alzar la voz desde las filas de los agraviados.

Decir la verdad es también una prueba de lealtad y callar es parte del engaño y la hipocresía, lo sabemos perfectamente los veracruzanos, así como también conocemos las consecuencias de no hablar a tiempo y sufrir los resultados de un silencio se convierte en complicidad.

Lo cierto es que la incapacidad del exgobernador veracruzano le impedía diferenciar aliados de contrincantes, y en su inmadurez personal y la falta de experiencia política, permitió excesos de sus colaboradores que son imperdonables.

Claudia Sheinbaum tiene logros que han traspasado las fronteras, en el planeta entero es reconocida, la revista Time la postuló como mujer del año, pero la influencia en los medios de Donald Trump, quien ganó el reconocimiento finalmente, le impidió ser nombrada en esa categoría.

Es la segunda mandataria en el mundo con mayor popularidad en su país, y calificada por The Financial Times como una de las 25 mujeres más influyentes del mundo. La revista neoyorquina Forbes, especializada en finanzas y negocios, la denomina la cuarta mujer más poderosa del mundo, entre otros reconocimientos dentro y fuera de México.

Desde luego, nadie es profeta en su tierra y la oposición busca pretextos para la crítica hasta en la forma de vestir y de peinarse de la mandataria, lo cierto es que ha cambiado el país sustancialmente en poco más de dos meses y medio que lleva en el gobierno. De hecho, hay quienes afirman que ha demostrado con hechos, en dos meses, más de lo realizado que varios presidentes del pasado en seis años, lo atestigua el pueblo.

Es admirable la capacidad de trabajo de la presidenta, heredera del afán de transformar y de un proyecto sólido, no tiene descanso y sus horarios laborales parecieran no tener fin. Las herencias ideológicas son benéficas para todos, las herencias afectivas deben ser también selectivas, por lo que a veces seguir apapachando a personajes que el tiempo condenó a vivir en el lado equivocado de la historia terminan por contagiar las manchas que después no pueden sacudirse.

Alcanzar la transformación de la manera en la que lo hace Claudia Sheinbaum crea una continuidad sana, sobre todo en la economía y en la seguridad, más allá de la competencia con el mandatario anterior, que provocaba competencia y a final de cuentas el resultado era destruir lo que se había creado y dejar inconclusas las obras que se quisieron construir, ya sea por falta de tempo o de presupuesto. La armonía en la que muchos no creen, entre el ex presidente y la actual presidenta es notoria y los resultados son muestra de esa fuerza que contienen los cambios.

Los cambios no solo tienen rumbo y dirección sino objetivos, los cuales se vieron reflejados en la aprobación del presupuesto de Egresos que en sexenios anteriores había sido motivo de choques irreconciliables, incluso entre legisladores de un mismo partido.

La unidad del partido, del Movimiento, tiene como parte esencial el reconocimiento eterno a quien pavimentó las plataformas de despegue de la transformación y colocó los cimientos de la Cuarta Transformación, que resisten un segundo piso con toda seguridad, donde todos tenemos voz y votos, incluyendo a una oposición disminuida en número y calidad moral, sancionada por los resultados electorales. Es decir, la oposición no está castigada por el gobierno, sino marginada de las decisiones por mandato popular expresado en las urnas y esto deben entenderlo los que deben ser generosos en la victoria.

PEGA Y CORRE. – En México solo se ve la cara mala del fentanilo porque nueve de cada 10 cirugías necesitan esta sustanciapor lo que se hace cada vez más difícil detectar origen y destino de este producto que, a pesar de todo, ha podido salvarse el que se destina a la medicina y castigarse el que va para los adictos del vecino país del norte…

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.